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Mostrando las entradas con la etiqueta Gigantes

à la Transmi*

* asegúrese de leer la palabra "Transmi" con la entonación correcta, como si fuera en inglés, pronunciando de la manera más gomela todas las letras, y haciendo que el sonido /i/ al final esté innecesariamente alargado. Hay muchas cosas que pueden pasar en un Transmi. Hay algunas que son tan, pero tan raras, peculiares, bizarras, que vale la pena narrarlas - como esta .  Yo monté en Transmi con más frecuencia de la que me gustaría admitir durante un poco más de tres años en Bogotá. Fue tan sólo ese corto, pero eterno, periodo porque sólo viví en Bogotá poco más de tres años. Había días buenos, había días malos (nunca, pero nunca  hubo días con garrapatas); hubo días (muy pocos) en que me pegaba la madrugadita y me iba sentada, tranquila, sin contacto físico, y hubo días (más de los que estoy dispuesta a admitir públicamente) en los que me cogió el día de manera tan exagerada que ni bañarme pude, y mis pobres compatriotas tuvieron que pagar los platos rotos. Casi nunca llegué...

Del buen suceso que tuve en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

Y fue así como, a las 5 de la madrugada, ya estábamos camino a Bremen - igual que, una madrugada de principios del siglo XIX, quizá también a las 5, un burro partió de su hogar para huir a la muerte, "porque en cualquier parte de puede encontrar algo mejor que la muerte", camino a Bremen. Yo no partía precisamente de la muerte, pero sí de una migraña que esperaba se quedara esperándome en Kiel. La muy descarada, similar al perro, luego al gato y al gallo, me acompañó en todo el camino. En algún momento de lucidez - o quizá fue precisamente en algún momento de no lucidez, en el momento cuando el alba comienza a tomar posesión del momento y la noche comienza su lenta retirada, no sin hacerlo a regañadientes y con fuertes y pesadas nubes que impiden el paso de los nacientes rayos de sol - a lo lejos divisé gigantes. Gigantes contra los que había que batallar, claro, para dejar en libertad a los aldeanos de estos fríos territorios germánicos, claramente atemorizados por el llan...