Esas son las dos preguntas que rigen mi vida. Cuando mi abuela estaba en sus últimos días (quizá últimas semanas...), su vida se regía por un estricto régimen de medicinas que se aplicaban a diversas horas, siempre en punto. Era como el plan del día: a las 8 am, la primera; a las 9:30, la segunda; a las 10:15 otra... y así se pasaba el día. A horas específicas había la necesidad de comer algo (era un poquito complicado porque mi abuela no quería comer, pero sabía que le tocaba), y en días especiales había visita de médicos (sí, en plural) planeadas, y los cinco hijos se repartían los días y las horas para que mi abuela nunca estuviera sola. A las 7:55 am, entonces, empezaba la preparación de la primera medicina. Esos cinco minutos eran muy ocupados: mi abuela tenía que sentarse en la cama, lo cual era difícil y doloroso para ella; tocaba buscar en la lista qué medicina tocaba, revisar la lista de nuevo para no cometer equivocaciones, tomar la medicina correcta de la mesa, revisar de ...
a veces, por mucho que intentemos, es imposible sacarnos la realidad de la cabeza...