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Mostrando las entradas con la etiqueta mi papá

¿Y ahora qué hacemos? // ¿Para qué haces eso, mamita?

Esas son las dos preguntas que rigen mi vida. Cuando mi abuela estaba en sus últimos días (quizá últimas semanas...), su vida se regía por un estricto régimen de medicinas que se aplicaban a diversas horas, siempre en punto. Era como el plan del día: a las 8 am, la primera; a las 9:30, la segunda; a las 10:15 otra... y así se pasaba el día. A horas específicas había la necesidad de comer algo (era un poquito complicado porque mi abuela no quería comer, pero sabía que le tocaba), y en días especiales había visita de médicos (sí, en plural) planeadas, y los cinco hijos se repartían los días y las horas para que mi abuela nunca estuviera sola. A las 7:55 am, entonces, empezaba la preparación de la primera medicina. Esos cinco minutos eran muy ocupados: mi abuela tenía que sentarse en la cama, lo cual era difícil y doloroso para ella; tocaba buscar en la lista qué medicina tocaba, revisar la lista de nuevo para no cometer equivocaciones, tomar la medicina correcta de la mesa, revisar de ...

El ejemplo, como el tango, es cosa de dos

Cuando un adulto hace algo malo - cuestionable, digamos - se le formula la pregunta: ¿Qué ejemplo estás dando? A sus hijos, a sus familiares, a la gente que le conoce y le admira. Qué ejemplo está dando a la sociedad. Los adultos, entonces, tienen que cuidar cada paso que den, porque siempre hay alguien que le está tomando como ejemplo. Hace 20 años, chocó contra el poste de electricidad de mi edificio un hombre. Porque el choque nos dejó a todos en el edificio sin luz por algunas horas, mis papás se encargaron de conocer a este irresponsable. Hasta ese momento, su irresponsabilidad se limitaba a haberse chocado contra el poste que nos dejó sin ver la novela de turno. Rápidamente me enteré (yo escuché muchas cosas que no debía escuchar cuando era chiquita) que el hombre estaba borracho - muy borracho. Sorprendentemente, eso no agravó la situación. La tragedia seguía siendo que nos perdimos de la novela. Al cabo de unos días, mis papás se enteraron que el hombre había estado tomando c...

Fiesta Privada

Las mejores fiestas que conozco son las fiestas privadas. Son privadas porque los invitados son pocos, y muy bien seleccionados; pero además son privadas porque son repentinas, inesperadas, sorpresivas e intempestivas. No me refiero al tipo de fiestas en las que tienes que ser amiga o hija de alguien para poder entrar - me refiero al tipo de fiestas que se crean, sin previo aviso, en la sala de tu casa. A veces hay licor, a veces no hay - fue una fiesta de repente, no hubo tiempo de planear. A veces a comida, a veces no - no se pensó nada previamente, no hubo tiempo de organizar. A veces hay plan, a veces no - nadie sabía de nada, no hubo tiempo de arreglar. Las mejores fiestas privadas a las que he asistido son en la casa de mi mamá. Mi mamá es la mejor organizadora de fiestas privadas: en su casa (¿mi casa?) siempre hay de todo de tomar - claro que de eso hay que darle el crédito a mi papá, quien no concibe que alguien pida algo que no hay. ¿Quieres whiskey? Hay dos tipos. ¿Quier...

El tipo de persona que soy

Soy el tipo de persona que dice "croissant" con acento francés nasal perfecto, pero digo "fondú" en español. Soy el tipo de persona que en privado dice " imgur " pero en público dice " imager ". Soy el tipo de persona que corrige todos los errores escritos de la gente, pero odio que me corrijan cuando me equivoco. Soy el tipo de persona que se equivoca por hacer las cosas de afán, no por falta de conocimiento (por eso odio que me corrijan - porque no es por boba, es por rápida). Soy el tipo de persona que planea cada minuto de cada día, pero casi nunca sigue el plan. Soy el tipo de persona que disfruta estar encerrada en la casa, pero se queja cuando no puede salir. Soy el tipo de persona que disfruta leer los más de 100 mensajes de cumpleaños en facebook, aunque 90 sean de gente con la que sólo me saludo una vez al año - el día de mi cumpleaños; pero no felicito a la gente con la que hablo sólo una vez al año el día de su cumpleaños porque me pa...

La Dieta del Amooor

Antes de venir a Europa, me puse a dieta. A dieta de verdad verdad. Con nutricionista, con pastillas, con gimnasio diario y 1 kilómetro nadado adicional, con médico deportólogo, con los balines homeopáticos en la oreja, y con ac-ti-tud. Adicional a eso le añadí visitas a ginecólogo, dermatólogo y médico general para asegurarme que todo saliera bien. Bajé de peso. Bajé fuuuul  de peso. No llegué hasta donde yo quería llegar (yo me seguía viendo mondonguitos al ponerme bikini en el vestier de un almacén - ¡por eso no compré el bikini que estaba on sale a 12 Euros!), pero me veía muy linda. Me tocó cogerle a la ropa para que me quedara ajustada bonita, logré comprar ropa una talla más chiquita de lo que generalmente compraba... en general, de verdad fue el sueño vuelto realidad de todas las mujeres del mundo (porque todas nos sentimos gordas). Pero - - y es que siempre hay un pero - - yo no estaba contenta. Bueno, eso es una mentira. ¡Claro que estaba contenta! Si es que no ha...

Cuestionamientos

Cuestionarme me gusta tanto como lavar platos . Por eso intento que las grandes decisiones de mi vida sean las que yo quiero, de modo que cuando llegue el momento de cuestionarme, pueda sentarme relajada, darme palmaditas en la espalda, sonreir esa sonrisa de sabiduría, y saber que sí, sí tomé la decisión adecuada. No siempre funciona. En Tailandia tuve muchos momentos de cuestionamientos, pero después de 7 años (¡Tailandia fue ya hace SIETE años!) me puedo sentar tranquila a darme palmaditas en la espalda y sonreir con mi sonrisa de sabiduría porque tomé la decisión adecuada: Tailandia fue un momento crucial en mi vida, una situación que yo tenía que vivir. Y lo hice, y hoy soy mejor gracias a ello. Igual me siento con mi decisión de irme a Estados Unidos hace 11 años, o a Bogotá después de Tailandia, y más recientemente a Alemania hace casi 2 años. Claro que en todas partes hubo momentos feos - especialmente los que incluyen clínicas y agujas y sacadas de sangre y dolor lejos de ...

Los recuerdos se equivocan

Uno de mis peores recuerdos es el de las navidades en la casa de los tíos de mi papá. Ofreciendo disculpas a mi familia paterna por tan terrible introducción, prosigo a explicar el por qué de mi comentario. Nos veíamos con ellos una vez al año --en navidad-- y se suponía que en ese día nos pusiéramos al día de todos los chismes y acontecimientos del año. Además, se suponía que en un día yo me volviera mejor amiga de mi prima contemporánea, con quien hace un año no me veía. (Menos mal que ella siempre fue mejor persona que yo y me trató súper bien, y terminábamos pasándola delicioso.) Mis papás, mis tíos, mis primos, mi abuelita y sus hermanos, todos tomando aguardiente y riéndose a carcajadas exageradas e innecesariamente ruidosas. Abrazándose, genuinamente contentos de estar juntos de nuevo. Pero eso no era lo malo --yo soy igualita ahora de vieja, salvo el aguardiente. Lo malo era el terrible, penetrante, inescapable y nauseabundo olor a tamal. Ugh. Ese olor a cerdo y pollo cocid...

¿Será que la gente SÍ cambia para bueno?

Ya estoy llegando a esa edad donde soy casi contemporánea con la gente que está cambiando el país. O al menos haciendo campaña para cambiar el país. Sí, así es. Es que ya mi generación está toda graduada de su pregrado, ya muchos tienen hijos (¡mi mejor amiga tiene TRES hijos!), y están seriamente pensando en cómo hacer para aportar su granito de arena para que nuestra ciudad, Barranquilla, y por consiguiente Colombia y el mundo, sean un mejor lugar para sus hijos, para sus nietos, y en lo posible para nosotros mismos (es que no somos tan viejos todavía). Claro que, entonces me encuentro con una situación peculiar. Antes, lo que mis abuelos o mis papás decían era mi opinión también, porque no sabía nada. Me acuerdo que cuando Andrés Pastrana se estaba lanzando de Presidente contra Samper, hice el comentario, "Ojalá no gane, porque si ese tipo es presidente de Colombia, se acaba el país." Una compañera me preguntó, "¿Por qué lo dices?" Y lo único que le pude respon...

Extraño

Como yo me he ido de mi casa varias veces, he aprendido a no extrañar ciertas cosas. Bueno, eso es mentira. No es que no las extrañe, claro que las extraño. A veces las tengo demasiado presentes. Creo que lo que he aprendido es a no añorarlas, a buscarles un sustituto. Al menos he aprendido a no pensar mucho en ellas. Como el arroz con coco de mi mamá. Aquí en Alemania el arroz, sin ser un lujo culinario, es un placer casi exótico. Y no sabe rico. Sabe a plástico. Un poquito de "gustiarroz" ayudaría. No entiendo por qué el Señor Arroz de las Señoras no ha acaparado este mercado, que tan necesitado está de un buen grano. Pero bueno, eso con suficiente sal deja de saber tanto a plástico, y con papas y brócoli gratinado (es que ahora, de vez en cuando, como brócoli) hasta sabe rico. O al menos eso me digo para convencerme. A veces hacemos paella, y aunque no es lo mismo que el suculento arroz con coco (arroz de coco, como le dice Carmen) de mi mamá, aguanta para saciar la gana...