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Mostrando las entradas con la etiqueta hermanos Grimm

Lo que un cachaco oye cuando un costeño habla

Recientemente tuve visita de mi familia aquí en mi casa en Alemania. Para ver el registro fotográfico, visita este link . Fueron 16 días súper chéveres. De las ciudades más chéveres que visitamos fue Bremen. Sí, la ciudad es hermosa, su centro es como un cuento de hadas - y precisamente fue esa magia de cuento de hadas lo que nos llevó a Bremen. Le pregunté a mi Batiprimo de 8 años si él conocía la historia de los músicos de Bremen. Yo no sé si dijo que no porque le encanta que le cuenten cuentos, o porque de verdá verdá no conocía la historia, pero de todos modos dijo que no y yo conté la historia. Esta es la versión condensada que yo conté: Érase una vez, un burro. El burro estaba viejo y cansado y, un día, después de no haber cumplido con su trabajo a cabalidad, el dueño le dijo, "Usted no sirve es para nada, voy es a venderlo para que alguien más quede encartado con Usted. ¡Usted me tiene hasta aquí! (Aquí tracé una línea horizontal imaginaria en mi frente con mi dedo ín...

Del buen suceso que tuve en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

Y fue así como, a las 5 de la madrugada, ya estábamos camino a Bremen - igual que, una madrugada de principios del siglo XIX, quizá también a las 5, un burro partió de su hogar para huir a la muerte, "porque en cualquier parte de puede encontrar algo mejor que la muerte", camino a Bremen. Yo no partía precisamente de la muerte, pero sí de una migraña que esperaba se quedara esperándome en Kiel. La muy descarada, similar al perro, luego al gato y al gallo, me acompañó en todo el camino. En algún momento de lucidez - o quizá fue precisamente en algún momento de no lucidez, en el momento cuando el alba comienza a tomar posesión del momento y la noche comienza su lenta retirada, no sin hacerlo a regañadientes y con fuertes y pesadas nubes que impiden el paso de los nacientes rayos de sol - a lo lejos divisé gigantes. Gigantes contra los que había que batallar, claro, para dejar en libertad a los aldeanos de estos fríos territorios germánicos, claramente atemorizados por el llan...