Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta alemán

de marranas bacanas, lluvia de cerveza y otras banalidades alemanas

Recientemente fuimos a un partido de fútbol. Jugaban Holstein Kiel, el equipo local, contra Unterhaching, un equipo del puro sur de Alemania. (Por cierto, por diversión deberías intentar pronunciar esa palabra. Recuerda que no es inglés, así que la /ch/ no suena como la /ch/ de Chegwin. Y recuerda que no es español, así que la /h/ no es muda. ¿Ya lo intentaste? Se pronuncia /un-ter-JA-jing/. Qué palabra tan fea, ¿ah?) Fuimos al partido porque nuestros amigos Jenny y Dennis (los ves en la fotos abajo) nos invitaron. A los alemanes, hemos descubierto, les encanta invitarnos a cosas nuevas. Creo que es parte de su necesidad innata de investigar comportamientos nuevos, o una forma de vivir sentimientos como la curiosidad o la sorpresa por medio de otros. Cualquiera que fuese el motivo de la invitación, el punto es que nos invitaron y fuimos. El equipo de Kiel es categoría 3 - creo que me voy a morir sin entender qué significa eso. Pero bueno. Lo chévere del partido no fue el...

El pragmatismo alemán

Hace un mes me gradué de la universidad. Terminé mi tan deseada maestría en literatura ( Masters of Art in English and American Literatures, Cultures and Media ) y ahora sigo al doctorado - por fin. Los alemanes no son mucho de celebrar cosas. Los hitos, por ejemplo, no son tanto hitos para ellos como más bien conclusiones naturales a retos que nos auto-imponemos. Aquí no se celebran los grados. ¿Por qué vamos a celebrar algo que es natural, normal, esperado? Si alguien empieza una carrera el punto es que la termine. ¿Cierto? ¿Por qué, entonces, habría que celebrar que haya terminado lo que empezó? Claro que exagero, ¿no? Solo un poquito. Mi esposo no tuvo grado cuando terminó su carrera porque terminó un semestre temprano. En ese caso, casi que tiene sentido que se gradúe por ventanilla. Pero sus compañeros sí tuvieron grado 6 meses después. Bueno, grado grado grado así que uno diga grado, con toga y birrete, no fue. Fue una cena en la que casualmente había un podio y en algún...

Lo que más extraño

Este verano cumplí 12 años viviendo fuera de mi casa. De esos son solo 9 fuera de Colombia, pero nueve años no viviendo en el país es una carrandanga de años. Siempre que entro en el tema de "casa" surge la inevitable pregunta de lo que más extraño. Generalmente contesto lo que mi interlocutor quiere escuchar, "mi mamá," "la comida," "el clima." Pero siempre, sin falta, me quedo pensando, ponderando, dándole vueltas al asunto... y me pregunto entonces a mi misma, ¿qué es lo que más extraño de mi casa? Mi mamá, claro - eso no es una mentira. Claro que me hace falta mi mamá. Pero con la tecnología (¡gracias, Steve Jobs!) hablo con mi mamá casi todos los días - a veces hasta dos veces al día. Echamos chismes, nos ponemos al día, discutimos los dilemas del día, conversamos sobre la vida. Entonces realmente no me hace falta mi mamá porque soy muy cercana a ella. La comida, claro - eso tampoco es mentira. Aunque yo hago sancocho de costilla, no es ...

Nuestro Propio Sprache

Necesito concentrarme en mi tesis, entonces no puedo comprometerme a redactar posts nuevos. Por eso te comparto uno de mis preferidos de 2010 que publiqué en otro Blog. ¡Ojalá lo disfrutes! Yo soy la primera en decir que uno  tiene  que adaptarse a la nueva cultura en la que vive, porque uno eligió irse a ese nuevo mundo. Si no te gusta, vete de regreso a tu país. Cuando vivía en Estados Unidos, me aseguré de que mis amigos fueran sureños de verdad (no damn Yankees for me), aprendí a que el  y'all  me saliera naturalmente, y me adapté a la comida de la región... y me engordé. :-) Cuando viví en Tailandia, aprendí el idioma, el  sawat dee kah  (con reverencia y todo), y comí grillos, y pasta de pata de ganso, y sapo. Cuando viví en la capital de mi República (por si las dudas, Bogotá), aprendí a hablar de Usted, aprendí a poner todo con diminutivos (agüita, tintico, pancito...) y aprendí a apreciar al Transmilenio. Ahora que vivo en Alemania, no me voy a ...

Zufrieden

"¿Cómo te sientes en Alemania?", me preguntaron en alemán. Y yo, con total naturalidad, cual alemana yo misma, respondí, "Zufrieden." Desde ese momento entré en una medio crisis existencial - chistoso, ¿no? "Medio crisis." ¿Uno puede tener una "medio" crisis? No es, acaso, una crisis aquello que tienes o no - como el embarazo. Uno no puede estar un poquito embarazada... Empecemos por el principio: zufrieden , sin que yo le meta filosofía a la cosa, significa "satisfecho" ( Zufriedenheit  = satisfacción). Pero no satisfecho de lleno, como la sensación de felicidad que tiene uno después del segundo plato de sancocho; esa llenura deliciosa es satt . Cuando Herr Müller, mi profesor alemán de alemán en Barranquilla, me enseñó la palabra, tuvimos una larga discusión (que no terminó 4 meses después, cuando me vine a Alemania) sobre los alemanes y su necesidad de satisfacción. A los alemanes les gusta estar zufrieden - satisfechos - p...

La historia - o la situación - de Punker Jan

Conocí a Punker Jan una tarde de verano en la playa. Había hecho tanto calor en las pasadas semanas que la temperatura del agua llegó a niveles récord que desde décadas no se veían - supuestamente, porque no he encontrado registros para evidenciar esto, pero ajá. Esa tarde, un miércoles, Honey y yo fuimos a almorzar a la playa. Llevamos nuestro asador (chiquito, perfecto para una pareja de recién casados), media bolsa de carbón, líquido inflamable para acelerar y asegurar un buen fuego. Con la mochila colgada al hombro y el sombrero vueltiao portado con orgullo, nos sentamos en la arena a disfrutar de la tarde y a esperar a que se asara nuestro almuerzo. En esas se nos acercó un joven alemán. Nos pidió si, después de haber asado toda nuestra comida, podría él utilizar nuestro asador y nuestra brasa para asar unas pechugas de pollo. Dijimos que por supuesto.  Al cabo de una media hora, se acercó el joven con sus pollos, y le cedimos el asador. Viendo que esa asada iba pa' la...

De peleas, sustos y sorpresas

Sobre las peleas, las películas nos han enseñado tres cosas: 1. Son hermosamente coreografiadas y sincronizadas 2. Son entre dos hombres (nadie se mete) 3. De esos dos hombres, uno es bueno y el otro es malo - y la diferencia es clara No falta sino ver cualquiera de las películas sobre Jason Bourne, o cualquiera de las tres James Bond de Daniel Craig para ver que tengo razón. Sin importar el espacio proporcionado, el uno le da al otro, el otro lo esquiva y le da al uno; vienen puños, codazos, patadas, cabezazos - y atinan o son milimétricamente esquivadas. Las peleas son un baile: son sangrientas, sí; pero son hermosas. Jason y James lo hacen ver fácil. Como si no doliera. Como si todos los demás fueran inferiores. Como si ellos siempre ganaran. Aunque pierdan - no importa. Después ganan. Al final siempre ganan. La vida real es muy diferente. La vida real real - porque en mi vida real, mi esposo sabe pelear. Mi esposo es de los que sabe defenderse y hacer daño. Pero la vida r...

Semana de descubrimientos

Mientras tu estás leyendo esto, Honey y yo estamos en semana de descubrimientos. Vamos a descubrir si el Fiat sí aguanta el viaje de 3500 kilómetros de Kiel a Kiel - parando en Frankfurt, en Marsella y en París. Vamos a descubrir si el español realmente es así así de parecidito al portugués, porque nos vamos a quedar en Marsella con amigos portugueses. Ellos hablan portugués y francés, nosotros hablamos alemán y español. No, no hay inglés en común. Vamos a descubrir qué tan bueno es mi francés - yo, que he tomado cursos en la Alianza Francesa en Barranquilla y en Bogotá y que me las tiro de que puedo. Vamos a descubrir qué tan buena es la famosa Autobahn alemana, y las carreteras francesas de primer mundo y tal. Vamos a descubrir qué tan buena conductora yo soy, porque ahora con pase internacional voy a obligar a Honey a que me deje manejar al menos 100 kilómetros. Pero ojalá me deje en una parte donde haya límite de velocidad, y ojalá donde el límite sea 80. Porque confieso ...

El Dedo Verde

Tan mala soy en este cuento de matas que ni sé cómo se le dice a una persona que tiene un don para con ellas. En inglés (y alemán, francés y holandés) es igual: de la persona que trata bien a las matas, se  dice que tiene un dedo verde (quizá un pulgar verde o toda la mano verde - no todos especifican). Yo no sé de matas - y si bien no estoy orgullosa de eso, tampoco me da pena aceptarlo. Sé exactamente donde van todas las tildes. Ahí está. Así compenso me falta de conocimiento vegetal. Pero es que es grave la cosa. Partamos desde lo más básico. Ayer hice ajiaco, y encontré lo que estaba segura, segurísima, eran guascas. Y se las eché a mi ajiaco - que era más bien una rica sopita de papa, con pollo, mazorca y ... laurel. Porque no eran guascas: era laurel. Lo que pasa es que yo nunca he visto una guasca en mi vida - a decir verdad, ahora que lo pienso, tampoco (hasta ayer) había visto un laurel. No en vivo y en directo al menos. Y tampoco me tomé el tiempo de buscar Lorbeerblä...

La Dieta del Amooor

Antes de venir a Europa, me puse a dieta. A dieta de verdad verdad. Con nutricionista, con pastillas, con gimnasio diario y 1 kilómetro nadado adicional, con médico deportólogo, con los balines homeopáticos en la oreja, y con ac-ti-tud. Adicional a eso le añadí visitas a ginecólogo, dermatólogo y médico general para asegurarme que todo saliera bien. Bajé de peso. Bajé fuuuul  de peso. No llegué hasta donde yo quería llegar (yo me seguía viendo mondonguitos al ponerme bikini en el vestier de un almacén - ¡por eso no compré el bikini que estaba on sale a 12 Euros!), pero me veía muy linda. Me tocó cogerle a la ropa para que me quedara ajustada bonita, logré comprar ropa una talla más chiquita de lo que generalmente compraba... en general, de verdad fue el sueño vuelto realidad de todas las mujeres del mundo (porque todas nos sentimos gordas). Pero - - y es que siempre hay un pero - - yo no estaba contenta. Bueno, eso es una mentira. ¡Claro que estaba contenta! Si es que no ha...

¿Por que todo tiene que ser tan sexual?

Todos cometemos errores cuando aprendemos un idioma nuevo. Eso es normal. En mi experiencia, la gente que habla mi idioma extranjero como lengua materna es gentil y paciente. Lo que pasa es que yo, estee, bueno, yo soy especial. Ya verás, yo no sufro de pena hablando un idioma nuevo, y por eso cometo unos errores que, estee, bueno, cómo te dijera yo... Mira por ejemplo lo que me pasó en Tailandia. El tai es el idioma más difícil que he aprendido en mi vida. Ellos tienen 46 grafemas (símbolos, letras, por así decirlo) y 10 "tildes" que, combinados, hacen más de 100 fonemas (sonidos). No es como nosotros: nosotros le asignamos un fonema a cada grafema, de modo que tenemos tantos sonidos como letras (bueno, eso no es precisamente cierto con la j y g , pero entre la ll y la y se compensa, ¿no?). No es igual de fácil con el inglés porque ellos tienen vocales cortas y vocales largas y eso es un desastre. Con el tai yo tuve éxito porque me aprendí poquitas frases, pero aquellas...

El gato llamado Gato (el cual es un nombre muy original)

Confieso que me encanta estar en mi casa. Quedarme en mi casa. No salir de mi casa. Lo disfruto. Especialmente cuando está frío afuera - lo cual, siendo realista, es con demasiada frecuencia en Alemania. Pero en los últimos días ha hecho un solecito agradable; tan agradable, que hasta me inventé una excusa el otro día para salir de la casa (iba a comprar plátano). Y salí - pero no pasé de la puerta. No pasé de la puerta porque, tan pronto la abrí, se me metió a la casa un monstruo feroz. Mi primera reacción, por supuesto, fue gritar "OMG OMG OMG" un par de veces, y luego proseguir a ver qué rayos era eso. Era una bestia peluda que corría por toda la casa. Se metió a la sala, se metió al cuarto, se metió a la cocina - se metió y salió de todos los cuartos del apartamento, pero no salió de la casa. Esta es la bestia que invadió mi hogar. Estuvo atrancado en la tina como 10 minutos... Yo me quedé parada en la puerta, sorprendida, asustada. Le pregunté en español que...

La larga, triste e inconclusa historia de una maestría inalcanzable

Me vine a Alemania (entre muchas otras razones) a cursar una maestría. Llegué en julio del 2010. Eso quiere decir que llevo un año esperando para empezar la maestría... y esto es lo que ha pasado hasta ahora: Los alemanes hacen las cosas bien, y no están aquí para dar "papaya" a nadie. Por cierto, intenté explicar esa frase, dar papaya , a mi familia alemana (Papaya geben), y la verdad es que no resultó muy bien. ¿Qué significa eso, dar papaya ? Es decir, ajá, yo sé, significa poner algo demasiado fácil. Pero, ¿de dónde rayos salió eso? Somos raros, nosotros los colombianos... Bueno, pero ajá, aparte de no dar con el concepto, tampoco dan la papaya. Ellos saben que su idioma es complicado, pero saben también que la supervivencia de su idioma depende de que la gente lo hable. Por eso abren sus puertas con gusto y cariño, gerne , para que vengan inmigrantes al país. Para ello hay que cumplir con uno de dos requisitos: (1) tener un nivel de alemán superior certificado por una ...

de drogas y nazis

El único momento en el que me arrepiento de haberme ido de mi casa, es cuando me siento impotente. Me sentí impotente cuando me atracaron en Augusta y yo, por miedo a ser deportada (mi temor eterno), no reporté mi robo a la policía; me sentí impotente en Tailandia, cuando me ordenaron que no mirara a los hombres a los ojos, porque los hombres son superiores a las mujeres; y me sentí impotente hoy, cuando fuimos verbalmente abusados por un policía alemán. Últimamente ha habido un retén de la policía en el camino a nuestra casa. Nosotros tenemos una motico, para la que tenemos todos los papeles, entonces realmente no estamos nerviosos ante el retén, sino más bien aburridos porque toca bajarse, mostrar papeles, esperar, y luego seguir. Es la misma pereza que le da a cualquier persona ante un retén en cualquier parte del mundo. Ya a Honey lo habían parado una vez antes, y todo salió perfecto, como debe ser, porque tenemos todo al día, como debe ser. Hoy Honey se encontró con el mismo ...

Conocimientos innecesarios

Hoy, durante los 40 minutos que me toma regresar en bicicleta de la universidad a mi casa, hice un recuento de las cosas innecesarias que he aprendido durante los pasados 10 meses. Es más, para ser bien específica, y porque me he afectado mucho la restructuración por la que está próxima a atravesar nuestra lengua, estoy hablando de palabras nuevas, aunque innecesarias, que he aprendido. Por ejemplo, yo sé cómo se dice chalupa en alemán: der Kahn . Pero es un conocimiento innecesario, porque las posibilidades de que yo (sobria y en contexto) utilice esta palabra son mínimas. Es más, ni se me ocurre cómo puedo usar la palabra en español, sin recurrir a los arroyos de Barranquilla o al camino a Mompox. Sé cómo se dice carrandanga ( eine ganze Menge ), y cómo se dice apichurriarse (que no ha de confundirse con apachurriarse) - sich gekniffen . Sé cómo se dice que la manzana está harinosa ( mein Apfel ist mehlig ), pero no estoy segura si es la  manzana, el manzana o manzana neutr...

à la Transmi*

* asegúrese de leer la palabra "Transmi" con la entonación correcta, como si fuera en inglés, pronunciando de la manera más gomela todas las letras, y haciendo que el sonido /i/ al final esté innecesariamente alargado. Hay muchas cosas que pueden pasar en un Transmi. Hay algunas que son tan, pero tan raras, peculiares, bizarras, que vale la pena narrarlas - como esta .  Yo monté en Transmi con más frecuencia de la que me gustaría admitir durante un poco más de tres años en Bogotá. Fue tan sólo ese corto, pero eterno, periodo porque sólo viví en Bogotá poco más de tres años. Había días buenos, había días malos (nunca, pero nunca  hubo días con garrapatas); hubo días (muy pocos) en que me pegaba la madrugadita y me iba sentada, tranquila, sin contacto físico, y hubo días (más de los que estoy dispuesta a admitir públicamente) en los que me cogió el día de manera tan exagerada que ni bañarme pude, y mis pobres compatriotas tuvieron que pagar los platos rotos. Casi nunca llegué...