Estuvimos en Amsterdam este fin de semana pasado, e hicimos lo que todos los turistas hacen en Amsterdam: comimos (y compramos) queso como locos, visitamos un pueblito aledaño (Volendam) para ver las fábricas y museos de queso (sí, más queso), vimos los molinos de viento, tomamos cerveza holandesa... ...y fuimos al distrito rojo. El distrito rojo, que geográficamente se encuentra en uno de los barrios más viejos de Amsterdam, es un área donde la sexualidad, la sensualidad y las cosas que me hacen sonrojar se unen para, por lo menos, hacernos cuestionar nuestros principios, morales, ética, creencias, y ajá... nos hace cuestionar todo. Seamos sinceros: a la mayoría de los hombres que caminan por las calles y callejones del distrito rojo lo que los hace cuestionar es el precio: ¿Será que me alcanza? ¿Qué me hará por lo que tengo en la billetera ahora mismo? Ya ves, en este distrito rojo la prostitución está legalizada y licenciada. Las mujeres se encuentran en vitrinas iluminadas ...
a veces, por mucho que intentemos, es imposible sacarnos la realidad de la cabeza...