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Mostrando las entradas con la etiqueta mi mamá

de billeteras, confianzas y otras imposibilidades

A mi mamá le robaron la billetera. Otra vez . Creo que mi mamá es la única persona de su edad que tiene foto reciente en la cédula. Cuando le conté a mi esposo, su sugerencia fue que su suegra aprovechara para tomarse la nueva foto recién salida de la peluquería (ya sabes, Gise, ¡tienes una GRAN responsabilidad!). Por segunda vez en cinco años, a mi mamá le han abierto la cartera sin que ella se de cuenta y le han sacado la billetera. Lástima, ¿no? Lástima por el trajín tan horrible que es volver a sacar cédula, carné de la universidad y del seguro, tarjetas débito y crédito. Lástima por las bobadas bonitas que uno guarda en la billetera, como la foto de grado la hija, o la dirección y teléfono plastificados de la otra hija, o la carta que le escribió el sobrino cuando aprendió a escribir. Uno tiene como ganas de poner un anuncio en la billetera que diga, "Coge la plata pero déjame el resto..." Además que mi mamá no es de las que tiene billetera de "todo a mil" - ...

Lo que más extraño

Este verano cumplí 12 años viviendo fuera de mi casa. De esos son solo 9 fuera de Colombia, pero nueve años no viviendo en el país es una carrandanga de años. Siempre que entro en el tema de "casa" surge la inevitable pregunta de lo que más extraño. Generalmente contesto lo que mi interlocutor quiere escuchar, "mi mamá," "la comida," "el clima." Pero siempre, sin falta, me quedo pensando, ponderando, dándole vueltas al asunto... y me pregunto entonces a mi misma, ¿qué es lo que más extraño de mi casa? Mi mamá, claro - eso no es una mentira. Claro que me hace falta mi mamá. Pero con la tecnología (¡gracias, Steve Jobs!) hablo con mi mamá casi todos los días - a veces hasta dos veces al día. Echamos chismes, nos ponemos al día, discutimos los dilemas del día, conversamos sobre la vida. Entonces realmente no me hace falta mi mamá porque soy muy cercana a ella. La comida, claro - eso tampoco es mentira. Aunque yo hago sancocho de costilla, no es ...

Fiesta Privada

Las mejores fiestas que conozco son las fiestas privadas. Son privadas porque los invitados son pocos, y muy bien seleccionados; pero además son privadas porque son repentinas, inesperadas, sorpresivas e intempestivas. No me refiero al tipo de fiestas en las que tienes que ser amiga o hija de alguien para poder entrar - me refiero al tipo de fiestas que se crean, sin previo aviso, en la sala de tu casa. A veces hay licor, a veces no hay - fue una fiesta de repente, no hubo tiempo de planear. A veces a comida, a veces no - no se pensó nada previamente, no hubo tiempo de organizar. A veces hay plan, a veces no - nadie sabía de nada, no hubo tiempo de arreglar. Las mejores fiestas privadas a las que he asistido son en la casa de mi mamá. Mi mamá es la mejor organizadora de fiestas privadas: en su casa (¿mi casa?) siempre hay de todo de tomar - claro que de eso hay que darle el crédito a mi papá, quien no concibe que alguien pida algo que no hay. ¿Quieres whiskey? Hay dos tipos. ¿Quier...

El tipo de persona que soy

Soy el tipo de persona que dice "croissant" con acento francés nasal perfecto, pero digo "fondú" en español. Soy el tipo de persona que en privado dice " imgur " pero en público dice " imager ". Soy el tipo de persona que corrige todos los errores escritos de la gente, pero odio que me corrijan cuando me equivoco. Soy el tipo de persona que se equivoca por hacer las cosas de afán, no por falta de conocimiento (por eso odio que me corrijan - porque no es por boba, es por rápida). Soy el tipo de persona que planea cada minuto de cada día, pero casi nunca sigue el plan. Soy el tipo de persona que disfruta estar encerrada en la casa, pero se queja cuando no puede salir. Soy el tipo de persona que disfruta leer los más de 100 mensajes de cumpleaños en facebook, aunque 90 sean de gente con la que sólo me saludo una vez al año - el día de mi cumpleaños; pero no felicito a la gente con la que hablo sólo una vez al año el día de su cumpleaños porque me pa...

Qué significa ser hija de mi mamá

Mi mamá mandó un correo ful bonito a dos se sus amigas y colegas agradeciéndoles por su apoyo al PEP y felicitándolas por el día de la madre. Pero al final, la muy bandida formuló la pregunta, ¿Qué significa ser hija nuestra? Bueno, mami, ven yo te respondo. Ser hija de mi mamá es un desastre. En todo el sentido negativo de la palabra. Desde que ella estaba trabajando con el (¿la?) FES en el PLJ se me acercaba gente extraña y me decía - no, me gritaba , "Ay, no, ¡yo AMO a tu mamá! ¡Tu mamá es lo mejor que me ha pasado en la vida! ¡Tu mamá es divina!"  Era desesperante. Daba pena. Estaba esta gente, que realmente no conocía a mi mamá, diciéndome que mi mamá era lo mejor. Pues, no, mijito, no era lo mejor cuando me regañaba porque no podía escribir bien la letra a (hacía el palito de la a del lado izquierdo y no del lado derecho), y no era lo mejor cuando me obligaba a memorizar el credo para pasar clase de religión con Mrs. Donado, y no era lo mejor cuando me hacía senta...

de cómo nos conocimos (o, la infame historia del Bar Swinger)

Podría (debería) ser un tanto melodramática y describir la fría noche de otoño en que el universo conspiró a nuestro favor (y en contra de otros). Pero vamos, es Cajicá -- siempre hace frío. Y vamos, es Colombia -- realmente no hay temporadas. Entonces no, no. Dejemos la poesía de lado porque mucho tuvo esa noche, pero nada fue romance, nada fue amoroso, nada fue poético. A menos que la lujuria y lo carnal sean poético hoy en día. Yo salí con mi prima, él con su mejor amigo. Yo quería una noche de tragos y amigas, él (como buen gavilán pollero) iba en busca de pollitas. Yo ni me di cuenta de su llegada, él vio una mini falda y botas altas de cuero. Pero no nos adelantemos a los hechos. Esta historia es como la del Titanic, porque todos sabemos que el barco se hunde ( OMG, spoiler alert! ), pero nadie sabe cómo pasa eso. Y como toda historia, es una historia de amor. Todas las historias son historias de amor. Una noche de septiembre hace 6 años, mi prima me comentó que un amigo su...

Cuestionamientos

Cuestionarme me gusta tanto como lavar platos . Por eso intento que las grandes decisiones de mi vida sean las que yo quiero, de modo que cuando llegue el momento de cuestionarme, pueda sentarme relajada, darme palmaditas en la espalda, sonreir esa sonrisa de sabiduría, y saber que sí, sí tomé la decisión adecuada. No siempre funciona. En Tailandia tuve muchos momentos de cuestionamientos, pero después de 7 años (¡Tailandia fue ya hace SIETE años!) me puedo sentar tranquila a darme palmaditas en la espalda y sonreir con mi sonrisa de sabiduría porque tomé la decisión adecuada: Tailandia fue un momento crucial en mi vida, una situación que yo tenía que vivir. Y lo hice, y hoy soy mejor gracias a ello. Igual me siento con mi decisión de irme a Estados Unidos hace 11 años, o a Bogotá después de Tailandia, y más recientemente a Alemania hace casi 2 años. Claro que en todas partes hubo momentos feos - especialmente los que incluyen clínicas y agujas y sacadas de sangre y dolor lejos de ...

Las 10 cosas que he aprendido en Alemania con respecto al frío

Este es mi segundo invierno en Alemania. Chévere, porque no ha sido tan frío como el pasado. Pero barro, porque como no ha sido tan frío como el pasado, no ha habido nieve. Ha habido nevaditas ahí todas " chichis ", como dicen los cachacos. O, como dice Honey que dicen los cachacos. Pero nieve que se quede, nieve para hacer hombres de nieve y ángeles y guerras de bolsas de nieve... no. Pero, siendo que es mi segundo invierno en Alemania, he aprendido mucho. Mucho sobre cómo vivir en climas cambiantes, más específicamente. Pero confieso que no lo he aprendido sola - mucho de lo que hoy sé se lo debo a mis amigos de tierras calientes que llevan muchos años viviendo inviernos muy, muy fríos. Así que de antemano gracias a Beto Severino , Catalina Velázquez , Cris Motta y Natalia Freitas. Como todos me han dicho lo mismo de diferentes formas, los voy a plagiar pero a medias, porque les estoy dando los créditos (¡y mis más sinceros agradecimientos!) aquí. De modo que presento l...

Me fui de compras

Si estás leyendo esto en tu casa (y no me refiero a las 4 paredes dentro de las que duermes, sino a tu casa, a tu ciudad, a tu país, a tu cultura) quizá no entenderás la felicidad que me dio a mi, a Honey y a mi amiga paisa que vive en Hamburgo encontrar esto en un supermercadito asiático  en Kiel . Quizá se puede comparar con la felicidad que siente un costeño con sed cuando se encuentra -con tiempo y con los dos mil pesos- frente a frente con el carrito de raspao, con ese pito cuiqui-cuiqui que invade a Barranquilla en medio de su silencio . Quizá se puede comparar con la felicidad que podría sentir un paisa cuando el queso y la mantequilla se derriten perfecto sobre (¿o dentro de?) la arepa. Quizá se puede comparar con la felicidad que podría sentir un cachaco cuando se termina de tomar un tinto, o un periquito, o una aromática, sin que se haya enfriado. Quizá se puede comparar con la felicidad de un caleño cuando se toma un vasado de lulada helada. Quizá se puede com...

Los recuerdos se equivocan

Uno de mis peores recuerdos es el de las navidades en la casa de los tíos de mi papá. Ofreciendo disculpas a mi familia paterna por tan terrible introducción, prosigo a explicar el por qué de mi comentario. Nos veíamos con ellos una vez al año --en navidad-- y se suponía que en ese día nos pusiéramos al día de todos los chismes y acontecimientos del año. Además, se suponía que en un día yo me volviera mejor amiga de mi prima contemporánea, con quien hace un año no me veía. (Menos mal que ella siempre fue mejor persona que yo y me trató súper bien, y terminábamos pasándola delicioso.) Mis papás, mis tíos, mis primos, mi abuelita y sus hermanos, todos tomando aguardiente y riéndose a carcajadas exageradas e innecesariamente ruidosas. Abrazándose, genuinamente contentos de estar juntos de nuevo. Pero eso no era lo malo --yo soy igualita ahora de vieja, salvo el aguardiente. Lo malo era el terrible, penetrante, inescapable y nauseabundo olor a tamal. Ugh. Ese olor a cerdo y pollo cocid...

Cada uno hace lo que puede

El otro día, me encontré pensando en mi vida. Me encontré pensando en mi. Raramente hago eso - es de conocimiento universal que es más fácil criticar a los otros que a uno mismo. No sé por qué me encontré como haciendo un conteo de las cosas buenas que tengo en la vida, y fue como cheverito, porque son muchas, muchas las cosas buenas. Me encontré, además, pensando en todas las personas que conozco que NO tienen cáncer. Y son muchas (gracias a Dios) - pero coincidencialmente me llegó un mensaje de mi mamá en ese momento, contándome que su mejor amiga del colegio, Sumercé , estaba en camino a su segunda sesión de quimioterapía. Cáncer de seno. Mi lista se interrumpió - mi vida se interrumpió. Ha podido ser mi mamá. He podido ser yo. Pero fue la amiga de colegio de mi mamá. "Ella es mi Marilú," dijo mi mamá. Y su Marilú tiene cáncer. El mes pasado (octubre) fue el mes del cáncer - o al menos eso estaba dando vueltas por facebook y por twitter y por BBM como loco. Hay mucha ge...

¿Será que la gente SÍ cambia para bueno?

Ya estoy llegando a esa edad donde soy casi contemporánea con la gente que está cambiando el país. O al menos haciendo campaña para cambiar el país. Sí, así es. Es que ya mi generación está toda graduada de su pregrado, ya muchos tienen hijos (¡mi mejor amiga tiene TRES hijos!), y están seriamente pensando en cómo hacer para aportar su granito de arena para que nuestra ciudad, Barranquilla, y por consiguiente Colombia y el mundo, sean un mejor lugar para sus hijos, para sus nietos, y en lo posible para nosotros mismos (es que no somos tan viejos todavía). Claro que, entonces me encuentro con una situación peculiar. Antes, lo que mis abuelos o mis papás decían era mi opinión también, porque no sabía nada. Me acuerdo que cuando Andrés Pastrana se estaba lanzando de Presidente contra Samper, hice el comentario, "Ojalá no gane, porque si ese tipo es presidente de Colombia, se acaba el país." Una compañera me preguntó, "¿Por qué lo dices?" Y lo único que le pude respon...

Extraño

Como yo me he ido de mi casa varias veces, he aprendido a no extrañar ciertas cosas. Bueno, eso es mentira. No es que no las extrañe, claro que las extraño. A veces las tengo demasiado presentes. Creo que lo que he aprendido es a no añorarlas, a buscarles un sustituto. Al menos he aprendido a no pensar mucho en ellas. Como el arroz con coco de mi mamá. Aquí en Alemania el arroz, sin ser un lujo culinario, es un placer casi exótico. Y no sabe rico. Sabe a plástico. Un poquito de "gustiarroz" ayudaría. No entiendo por qué el Señor Arroz de las Señoras no ha acaparado este mercado, que tan necesitado está de un buen grano. Pero bueno, eso con suficiente sal deja de saber tanto a plástico, y con papas y brócoli gratinado (es que ahora, de vez en cuando, como brócoli) hasta sabe rico. O al menos eso me digo para convencerme. A veces hacemos paella, y aunque no es lo mismo que el suculento arroz con coco (arroz de coco, como le dice Carmen) de mi mamá, aguanta para saciar la gana...

Todo depende de la actitud

Cuando mi mamá estuvo aquí visitándome, aprovecho para hacerme psicoterapia intensiva. Pero es que ella es así, entonces, ajá, que hace una con mamá psicóloga, ¿no? Aprovechar la consulta gratis, por lo menos. Me preguntó, entre muchísimas otras cosas, qué era lo que más me molestaba de vivir en Alemania. No sé si fue una epifanía repentina (claro, porque es que hay epifanías programadas, ¿cierto?) o si fue que en ese momento me encontraba precisamente en la situación que más me molesta de vivir en Alemania, pero mi respuesta fue rápida y más cargada de molestia de lo que esperaba: ¡Odio lavar los platos! , le dije. Y lo dije en serio. Y me mantengo. Odio lavar los platos. De verdad, lo detesto. Lo detesto más que tener que bañarme los domingos. Lo detesto más tener que comer verduras. Lo detesto más que tener que ir al gimnasio. Claro, lo detesto más que todo lo anterior, porque todo lo anterior NO lo hago. Mi mamá, como dije, muy psicóloga, se rió un poquito de mi, y me dijo, ...