Querido Esposo,
anoche me quedé dormida. Y creo que te molestaste. Ya ves, por fin logré que sacáramos el tiempo para hacer algo juntos, los dos, y yo me quedé dormida. Full barro. Por fin los dos niños se quedaron dormidos temprano para que tu y yo pudiéramos hacer algo que hace tiempo te estoy pidiendo que hagamos, y yo me quedé dormida. Finalmente el universo conspiró a nuestro favor para que tu y yo estuviéramos despiertos y desocupados el mismo día, a la misma hora, y yo me quedé dormida.
No me terminé la película. La película que YO me quería ver y que más o menos te obligué a ver (o sea, te la hubieras visto de todos modos algún día, pero ajá). Empezamos la película, los dos con los celulares de lado, los dos parándole bolas al tema, los dos así como encarretados - o al menos empezando a encarretarnos.
Y yo me quedé dormida.
Pero ven te explico qué fue lo que pasó.
Yo vivo atenta. Las 24 horas del día estoy atenta. Sobre todo ahora, que nuestro segundo hijo (de 7 meses recién cumplidos) está durmiendo dos horas no consecutivas por las noches, vivo atenta. Atenta su llanto, a su llamado, a sus necesidades, a sus deseos. Vivo atenta a nuestro hijo grande de 4 años, que necesita ahora más atención que nunca, porque los celos de hermanos son los celos más duros que hay de sobrellevar. Atenta a los cuentos interminables que cuenta, atenta a que coma, atenta a que no se caiga cuando baja las escaleras y atenta a que no se pegue en la cabeza por caminar sin mirar hacia al frente. Atenta a conocer a sus amigos y saber qué le gusta y qué no le gusta - como ahora, que le gustan las papitas fritas sin Kartoffel. Vivo atenta a ti, a ver cómo puedo apoyarte. Vivo atenta a mi, a ver cómo hago para no perder mi identidad en medio de este mar de roles que me ahoga y me llena y me consume y me satisface.
Vivo en un estado constante de atención.
Y anoche, cuando pusimos la película - por fin, por fin después de tantos meses... años, incluso, de no poder hacer algo los dos solos sin que haya personas que requieran de nuestra atención o nuestro tiempo; por fin los dos sin estar con en celular en la mano, por fin los dos sin pensar que habría algo más que podríamos estar haciendo en ese momento - tomé mi almohada y me fui a tu lado en la cama, me recosté sobre ti, y me invadió una paz absoluta.
Una paz que no recordaba desde que éramos novios recién llegada yo a Alemania y en tus brazos encontraba todas las respuestas a preguntas que no sabía que tenía. Una paz de esas que recargan el alma, de esas que quitan pesos de los hombros, que limpian el corazón. Una paz infinita porque nuestra familia estaba completa, tranquila, serena. Una paz silenciosa, sin llantos ni risas ni pataletas ni guachafitas.
En medio de esa paz, cerré los ojos un instante (así como cinco minutos de high five) y pensé, "Estoy en mi casa, con mi familia. Mi hijo grande está dormido. Mi hijo chiquito está dormido. Mi esposo está a mi lado. Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo... está... bien..." Y repitiendo ese mantra, me dejé llevar por el río de la inconsciencia hasta que caí en el más profundo y delicioso sueño.
¿Sabes por qué pude dormir tan serenamente? Porque tu estabas ahí. Me arrulló tu respiración y los latidos de tu corazón. Si los niños se despertasen, tu estabas así. Si hubiesen necesitado algo, tu estabas ahí. Yo pude cerrar los ojos y durante el resto de la película darme el lujo, el privilegio incluso, de NO estar atenta a nada ni a nadie. Porque tu estabas ahí.
Y siempre estás ahí. Siempre estás aquí. Todas las noches desde el 31 de julio de 2010. Pero esta vez, anoche, cuando me quedé dormida, fue diferente porque TU tenías el mundo bajo control y yo no. Yo cerré los ojos y te entregué todas mis responsabilidades y tu las tomaste y por el resto de la película pude descansar.
Descansar de verdad. De ese tipo de descanso que reencaucha.
Así que perdóname por haberme quedado dormida durante nuestro "movie date" anoche. Pero gracias por regalarme la oportunidad de quedarme dormida en tus brazos, en mi puesto, y cerrar los ojos y tener la plena confianza de que todo estaría bien. Y de que todo va a estar bien.
Porque cuando estoy en tus brazos, aún 13 años después, todo está bien.
Te amo.
Good night.
anoche me quedé dormida. Y creo que te molestaste. Ya ves, por fin logré que sacáramos el tiempo para hacer algo juntos, los dos, y yo me quedé dormida. Full barro. Por fin los dos niños se quedaron dormidos temprano para que tu y yo pudiéramos hacer algo que hace tiempo te estoy pidiendo que hagamos, y yo me quedé dormida. Finalmente el universo conspiró a nuestro favor para que tu y yo estuviéramos despiertos y desocupados el mismo día, a la misma hora, y yo me quedé dormida.
No me terminé la película. La película que YO me quería ver y que más o menos te obligué a ver (o sea, te la hubieras visto de todos modos algún día, pero ajá). Empezamos la película, los dos con los celulares de lado, los dos parándole bolas al tema, los dos así como encarretados - o al menos empezando a encarretarnos.
Y yo me quedé dormida.
Pero ven te explico qué fue lo que pasó.
Yo vivo atenta. Las 24 horas del día estoy atenta. Sobre todo ahora, que nuestro segundo hijo (de 7 meses recién cumplidos) está durmiendo dos horas no consecutivas por las noches, vivo atenta. Atenta su llanto, a su llamado, a sus necesidades, a sus deseos. Vivo atenta a nuestro hijo grande de 4 años, que necesita ahora más atención que nunca, porque los celos de hermanos son los celos más duros que hay de sobrellevar. Atenta a los cuentos interminables que cuenta, atenta a que coma, atenta a que no se caiga cuando baja las escaleras y atenta a que no se pegue en la cabeza por caminar sin mirar hacia al frente. Atenta a conocer a sus amigos y saber qué le gusta y qué no le gusta - como ahora, que le gustan las papitas fritas sin Kartoffel. Vivo atenta a ti, a ver cómo puedo apoyarte. Vivo atenta a mi, a ver cómo hago para no perder mi identidad en medio de este mar de roles que me ahoga y me llena y me consume y me satisface.
Vivo en un estado constante de atención.
Y anoche, cuando pusimos la película - por fin, por fin después de tantos meses... años, incluso, de no poder hacer algo los dos solos sin que haya personas que requieran de nuestra atención o nuestro tiempo; por fin los dos sin estar con en celular en la mano, por fin los dos sin pensar que habría algo más que podríamos estar haciendo en ese momento - tomé mi almohada y me fui a tu lado en la cama, me recosté sobre ti, y me invadió una paz absoluta.
Una paz que no recordaba desde que éramos novios recién llegada yo a Alemania y en tus brazos encontraba todas las respuestas a preguntas que no sabía que tenía. Una paz de esas que recargan el alma, de esas que quitan pesos de los hombros, que limpian el corazón. Una paz infinita porque nuestra familia estaba completa, tranquila, serena. Una paz silenciosa, sin llantos ni risas ni pataletas ni guachafitas.
En medio de esa paz, cerré los ojos un instante (así como cinco minutos de high five) y pensé, "Estoy en mi casa, con mi familia. Mi hijo grande está dormido. Mi hijo chiquito está dormido. Mi esposo está a mi lado. Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo... está... bien..." Y repitiendo ese mantra, me dejé llevar por el río de la inconsciencia hasta que caí en el más profundo y delicioso sueño.
¿Sabes por qué pude dormir tan serenamente? Porque tu estabas ahí. Me arrulló tu respiración y los latidos de tu corazón. Si los niños se despertasen, tu estabas así. Si hubiesen necesitado algo, tu estabas ahí. Yo pude cerrar los ojos y durante el resto de la película darme el lujo, el privilegio incluso, de NO estar atenta a nada ni a nadie. Porque tu estabas ahí.
Y siempre estás ahí. Siempre estás aquí. Todas las noches desde el 31 de julio de 2010. Pero esta vez, anoche, cuando me quedé dormida, fue diferente porque TU tenías el mundo bajo control y yo no. Yo cerré los ojos y te entregué todas mis responsabilidades y tu las tomaste y por el resto de la película pude descansar.
Descansar de verdad. De ese tipo de descanso que reencaucha.
Así que perdóname por haberme quedado dormida durante nuestro "movie date" anoche. Pero gracias por regalarme la oportunidad de quedarme dormida en tus brazos, en mi puesto, y cerrar los ojos y tener la plena confianza de que todo estaría bien. Y de que todo va a estar bien.
Porque cuando estoy en tus brazos, aún 13 años después, todo está bien.
Te amo.
Good night.
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