martes, 7 de junio de 2016

Piratas por un día

Ayer estaba en el parque con #littlebabyHergett y de repente -así, de la nada- se me acercó un niño de unos 3 años.

"Discúlpenme," me dice. "¿Quiere jugar a los piratas conmigo?"

Yo me sonrío y le digo, "Yo no, pero de pronto él sí," señalando a Rolfie.

El niño se agacha a la altura de Rolfie y, mirándolo a los ojos, le formula la misma pregunta, pero a él lo tutea  (o sea, soy vieja):

"Hola jovencito. ¿Quieres jugar a los piratas conmigo?"

Rolf lo mira como diciendo, Me estás tapando el sol, amigo.

"Él es muy chiquito y no quiere jugar. Ustedes debería jugar conmigo," dice el niño.

"No es que no quiera," le digo, sonriendo. "Es que no sabe cómo es el juego. Deberías explicarle."

Él, totalmente frustrado, se gira hacia mi y me grita un poquito:

"¡Yo tampoco sé cómo de juega! ¡Se trata de ser piratas! ¡Se trata de buscar tesoros y tener espadas y barcos y ser piratas y... espadas... y eso! ¡Hay piratas buenos y hay piratas malos! ¡Y nosotros somos de los buenos!"

Y se va.

Furioso porque no sabemos jugar a los piratas.

Rolf sigue embobado con la arena en el parque y yo trato de darle agua, yogur, banano, lo que sea que me reciba.

Y de repente una mini-sombra me tapa a mi el sol. Es el niño de nuevo.

"¿Dónde está mi Schwert?" pregunta.

Y yo, Anda, ¿¡qué rayos es un Schwert!?

"¿Dónde la escondió?"

Schwert... Schwert... ¡Ah! Sword! ¡Espada!

"Yo vi tu espada allá cerca de esa árbol. No, ese árbol.  Ese. Ese árbol," le digo.

Y él, "No, ¿es que acaso no la ve usted aquí mismo?" me pregunta, ya un poquito cansado de mi incompetencia y falta absoluta de imaginación.

"Ah," le digo. "Es que yo pensé que me preguntabas por la espada grande. La espada grande sí está allá cerca del árbol.  Pero la espada chiquita está aquí, tienes toda la razón."

Y él, ojos incrédulos abiertos totalmente, "¿Hay una espada grande?"

"Sí, claro. Está guardada en el baúl que enterramos abajo de ese árbol con el último botín de nuestra última guerra de piratas. ¿No te acuerdas?"

"Ah, sí  sí. Ya me acordé. Pero ¡mire! Aquí hay un cuchillo para usted." Me entrega un palito y se va.

Al rato regresa y dice, "Usted es el capitán pirata. Él (señalando a Rolfie) es el bebé pirata. Y yo soy el pirata. Y tenemos dos botes--uno grande para adultos como usted y como yo, y uno chiquito para el bebé pirata. Pero yo creo que nos quedamos ahora en el de bebés piratas porque estamos cuidando a su bebé. ¿Cierto?"

Yo le sonrío y Rolfie se ataca de la risa porque el niño grande "le está parando bolas y tal."

Jugando con la arena, el niño encuentra una piedra. Pero antes de que la bote, le digo:

"¡Oh gran pirata! ¿Qué hermosa gema has encontrado ahí? ¿Es una perla o un diamante?"

El niño me mira fascinado. Creo que su fascinación va algo así como, ¡Wow! ¡Esta vieja sí sabe jugar piratas! Y corre a donde su mamá y a gritos le pregunta, "Mami mami mami mami mami mami que si esto es una perla o un diamante mami mami mami mira mira es una perla o un diamante mira mira mami mamiiiiiiiii."

La mamá, que claramente también sabe jugar piratas, le felicita por el hermoso diamante que ha encontrado. Y él, con la enorme sonrisa que se pinta en la cara de un niño pirata que ha encontrado un tesoro de verdad, corre de regreso a nosotros, hacia el barco pirata para bebés,  gritando para que todo el mundo oiga que hemos (sí, fue trabajo en equipo. Trabajo de piratas) encontrado un diamante.

Y ahora hay que buscar más.

Rolfie tiene un colador de arena y él tiene un balde y yo tengo una pala. Y le explico cómo va a funcionar nuestra máquina manual encontradora de diamantes y perlas y piedras preciosas: vertemos arena con la pala sobre el colador, colamos la arena y lo que queda en el colador son los diamantes.

**solo que en vez de decir cuela yo decía empuja y él estaba un poquito confundido. Pero me di cuenta de mi error y lo corregí a tiempo....

...porque ¡encontramos más diamantes!

Y como somos los piratas buenos, los compartimos con su hermanito menor y con Rolf.

Al final del día,  el niño sale corriendo hacia donde su papá con su balde lleno de piedras--perdón, diamantes, y le dice que se los quiere llevar a la casa para guardarlos por siempre porque son su botín de pirata. El papá suspira y mete el balde con diamantes en el coche.

El niño regresa a donde nosotros y se despide y agradece que hayamos jugado a los piratas con él. Que fue muy chévere tener un pirata capitán y un pirata bebé.

Le sonreí y le di la orden de pirata de que fuera bueno con sus papás. "¡Sí capitán!" Me grita despidiéndose.

Y así fue como Rolfie y yo terminamos siendo piratas por un día.

domingo, 8 de mayo de 2016

Dear Mami

Dear Mami,

te escribo apenas ahora, cuando mi día ya está acabando, y siendo plenamente consciente de que no te he llamado, porque no me ha alcanzado el día para nada. Como si tu no supieras de lo que se trata esto de ser mamá nueva. Son las 6:51 de la tarde, y el bebé se acaba de dormir. Aprovecho mientras Honey está ocupado decidiendo qué vamos a pedir de cena para escribirte una carta de Happy Mother's Day. Para ti solita, pero compartida con el mundo porque tu mereces ser compartida con el mundo - aunque eso me llene de rabia y envidia.

Desde que yo era chiquita, mis amigas todas decían que tu eras la mejor mamá, la chévere, la que a todo decía que sí - además, la que siempre tenía tiempo para mi, porque "el chofer" eras tu. Si tan solo ellas hubieran sabido lo encartoso que era tener una mamá "con tiempo" para que estuviera sentada en el comedor mientras yo hablaba por teléfono con... este... amigas.

Cuando dictabas clases en El Pinar esas niñas todas te alababan, porque eras la mamá comprensiva que las entendía antes de regañarlas y no las castigaba. Si tan solo ellas hubieran sabido lo que era tener una mamá comprensiva que siempre quería conversar las cosas y darme abrazos y - cuando te volviste psicóloga - saber how does that make you feel?

Cuando dirigías el PLJ y después el PEP, tus PLJs y tus PEPs te veneraban porque eras una luz que los guiaba con la mayor aceptación de todo su ser, y los ayudabas a encontrar y dar su mejor versión, para ser mejor para servir mejor. Y tanto como siempre he escuchado que Tico es lo mejor que te ha pasado en la vida, también siempre he escuchado que si se meten con tus PLJs o con tus PEPs te vuelves una tigra. Si tan solo ellos supieran que los ojos anaranjados no sirven solo para defenderlos sino también para castigar o regañarme a mi. [Porque a Nini nunca la regañaste ni la castigaste.]

Cuando trabajaste muy cercana con Laura y con Tatiana y con tus compañeritas de la maestría no te diste cuenta - o maybe sí y how did that make you feel? - pero me estabas reemplazando. Estabas buscando gente de mi edad, todas mujeres además, para sentir que no me habías perdido del todo. ¿Dónde estaba yo? ¿EE.UU? ¿Tailandia? Es irrelevante ya - porque ellas, que te aman y te adoran y creen que eres lo mejor, no saben lo que me lastimaron porque tu las preferiste a ellas en vez de a mi. Lo cual es perfectamente absurdo, ¿no? Porque la se fue fui yo...

Ay Mami. Tu has sido - y sigues siendo - una excelente mamá. Y que hayas tenido el tiempo de llevarme y traerme a todas partes, y que siempre hayas almorzado conmigo, y que hayas ido a todos mis partidos de lo que sea (aunque me toque aceptar públicamente que en softball no ganamos NI UN solo partido...), y que hayas tenido TIEMPO es el mejor regalo que una mamá le puede dar a su hija. Eso lo sé ahora por Rolfie. Y quiero ser una mamá para él como tu has sido para mi.

Y aunque creo que mi aversión absoluta a la psicología es por esa falsa pregunta que nunca me has formulado, me encanta saber que siempre he podido decirte how something makes me feel. Y que tu me has escuchado y que no has menospreciado mis sentimientos, porque son míos y tengo derecho a sentirlos - por absurdos que sean. Como por ejemplo mis incontrolables celos por las pobres Laura y Tatiana y todos tus PLJs (Beto, ich spreche mit dir!) y tus PEPs - eso incluye a Heyleen y a Víctor y a todo tu equipo nuevo a quien adoras... y que me reemplazan.

Todavía no entiendo por qué me reemplazaste (no lo hiciste), pero sí hay muchas cosas que hoy, en mi segundo día de la madre, he entendido: entendí porque lloras en todas las películas, es decir, en todas en las que aguantas despierta para ver. Yo soy igualita. Entendí el dolor que sentías tu cuando yo sentía dolor, porque ahora con el pobre #littleBabyHergett enfermo, yo daría lo que fuera por ser yo la que sintiera ese dolor. Yo no quiero que Rolfie se vaya a Tailandia, pero voy a estar tan orgullosa el día que decida irse. Y no quiero que viva fuera del país, pero quiero que recorra el mundo. Y sí, le voy a licuar y colar la sopa el resto de la vida para que sepa que en su casa siempre va a poder comer como le gusta comer - sin que lo miren feo ni lo regañen ni le hagan cantaleta.

Mami, hace 33 años yo te hice mamá. You're welcome. Pero realmente aquí la afortunada y privilegiada soy yo. Happy Mother's Day, mami. Y a riesgo de sonar cliché, eres de verdad la mejor mamá del mundo. Ojalá yo sea algún día la mejor mamá del mundo también.


miércoles, 20 de abril de 2016

15 meses

#littleBabyHergett cumple hoy 15 meses. Estoy fascinada con todo lo que ha crecido y cambiado en tan solo 15 meses. Eso no es nada. Ya aprendió a dar la vuelta (de estar boca arriba a boca abajo y al revés también), ya aprendió a gatear, a subirse y bajarse del sofá y de la cama, ya camina (tomado de la mano porque es un flojo). Y yo, todavía, mirando fotos, intento descubrir cuándo exactamente fue que le salió tanto pelo y tanto rizo. Nada que lo descifro.

Ayer estaba almorzando con una amiga y fui un momento al baño para cambiarle el pañal al bebé. Cuando entré, vi que ya había alguien dentro y me disculpé - pero ella, muy amable, me hizo caer en la cuenta de que había dos cambiadores en ese baño, y que podíamos entrar sin problemas. Entramos y Rolfie, que últimamente no estaba poniendo problemas para la cambiada del pañal, decidió hacer show. Yo, apenada y un poco desesperada, le cantaba y le hacía caritas - y ella, solidaridad de madre 100%, se unió a mi en tratar de calmar al bebé. Y lo logramos. Y ajá, nos pusimos a conversar: lo de siempre, que cómo se llama, que que lindo pelo, que qué ojazos, que cuánto tiene... y dije, "mañana 15 meses." Ella se quedó pensando.

"¿Qué día es mañana?" preguntó.

"Mañana es 20," dije yo.

"¿Tu hijo nació el 20 de enero?" preguntó de nuevo.

"Sí. ¿Y eso que te sabes la fecha exacta?" pregunté yo, un poquito sorprendida.

"Mi hijo también cumple 15 meses mañana."

Nos miramos fijamente y algo en nuestra memoria hizo clic.

"¿Nos conocemos?" pregunté yo.

"No sé," dijo ella. "¿Donde nació Rolfie?"

Dije el nombre de la clínica y, antes de que ella pudiera decir "¡Mi hijo también!" ya la había reconocido.

Hace 15 meses mi esposo llevó a nuestro hijo recién nacido a dar un paseo por el ala de maternidad (para darme unos minutos de descanso muy merecidos) y se encontró con una mamá con su hijo también recién nacido. Conversaron un poco y al regresar al cuarto mi esposo me contó "el chisme." A ella la llamábamos "la de Sons of Anarchy" (una serie gringa sobre harlistas) porque estaba toda tatuada y su esposo era también todo tipo harlista (que vivan los estereotipos) - ah, y la vieja mide casi casi 2 metros. En serio. Sin exagerar. Y es rubia rubia rubia, de esas rubias naturales que además se tiñen. Pero la razón por la que la recordé es porque, durante la conversación que ella tuvo con mi esposo, le dijo, "Uf, fue un parto larguísimo... casi 30 minutos." Yo estuve en trabajo de parto 9 horas, ¿ok? Nueve horas.

Y la miré a los ojos y le dije, "¡Claro que me acuerdo de ti! Tu tuviste a tu hijo en media hora."

"21 minutos," dijo ella. "Pero mi hijo me resultó enfermo."

Fue cuando miré a su hijo fijamente y sí, si uno lo mira de manera detallada se da cuenta. Son los ojos. La forma de la boca. La nariz. La frente.

"Tiene trisomía 21," dijo. Pero en su voz no había tristeza. Solo había amor. Amor de ese infinito e incuantificable e inexplicable que solo puede sentir una mamá por su hijo.

"Yo también me acuerdo de ti," dijo. "Tu hijo tenía algo en las manos, ¿no?"

Le mostré las manitos de Rolfie. La derecha ya perfecta y la izquierda totalmente recuperada, aunque le falta una operación más.

"Eso no es nada. Tu hijo es hermoso y perfecto--¡y esos rizos y esos ojos!"

Yo miré a Louis, su hijo, y le dije, con el mismo amor con que ella le había hablado a Rolfie, "Tu también eres perfecto."

Ella me contó que ese día, el 20 de enero del 2015, nacieron 3 niños con "problemas": Su hijo con síndrome de Down, mi hijo con sindactilia, y otro niño con otro problema (ella no se acuerda exactamente qué)--y la mamá de ese niño no tuvo la valentía de ver a su hijo. Se levantó y se fue del hospital sin su hijo. Lo dejó. Ahí. Tirado. Solo. Lo abandonó.

Esta rubia de casi 2 metros es una mamá igual de enamorada de su hijo que yo. Y no habla con tristeza ni envida de la condición de su hijo. Es su hijo y lo ama. Igualito que yo amo al mío.

Al despedirnos, de nuevo me dijo, "Esas son pequeñeces, lo de Rolfie. Tu hijo es perfecto."

Y yo, de nuevo mirando a Louis a los ojos, le dije lo mismo: "Tu también eres perfecto."

La perfección es relativa, claro, desde los ojos de una mamá.

Mi hijo es perfecto, aunque a los 15 meses ya tenga más cicatrices de las que yo tengo a mis 32 años. Mi hijo es perfecto aunque no camine solo todavía a sus 15 meses. Mi hijo es perfecto. Y es mío.

Tu hijo es perfecto. Pero si tu hijo de verdad es perfecto (sin amor de mamá, hablando sin cariño y sin estar parcializada, como "perfecto" por definición médica), abrázalo y agradécele a Dios por ese regalo. Y ojalá que nunca tengas que saber lo que es tener un hijo no perfecto.

...aunque para ti lo sea.

¡Happy 15 meses Rolfie bebé!

jueves, 3 de diciembre de 2015

Problemas de lujo

De las cosas que más me dan risa son los #firstworldproblems. Me pasan con frecuencia, como cuando me tocó salirme rápido de la tina porque había demasiadas burbujas. Pero hoy, en el grupo de gateo (?? <-- ¿eso se traduce bien? Es un grupo de 7 niñitos, todos de la edad de #littleBabyHergett, que se reúnen a gatear mientas las mamás nos damos abrazos y palabras de aliento), contaba una mamá sobre una conocida de ella que, con dos hijos ya, quedó embarazada. Ella y su esposo deseaban un tercer hijo, de modo que la noticia los puso felices... hasta que fueron a la primera ecografía: tendrían quintillizos. Sí. Quintillizos. Es decir, cinco hijos. El embarazo se desarrolló de manera normal pero, al nacer, uno de los quintillizos murió - y dos de los cuatro restantes resultaron teniendo problemas irreparables. Uno, el menor de los 4, con una mano y una pierna atrofiadas; y la otra, la segunda en nacer, con problemas motores y cognoscitivos. Y ahí fue cuando escuché esta nueva frase, que me dejó pensando: "Nuestros problemas son de lujo."

Y es cierto.

Yo me quejo FUL, FULFULFUL de que #littleBabyHergett no me deja dormir. Pero cada vez que lo oigo, agradezco que está respirando. Cada vez que se mueve en su cuna, agradezco que tiene las habilidades motrices para moverse sin ayuda. Cada vez que llora, que en serio es con muy poca frecuencia, agradezco que está desarrollando sus cuerdas vocales y que (parece) va a ser ful hablador.

Mi falta de sueño es un problema de lujo.

Yo me pongo toda brava cuando #littleBabyHergett se las tira de adulto y coge su cuchara para comer él solo, como un niño independiente; me da ful rabia que se ensucie todo y que haga un desastre en el comedor y en el piso (¡¿cómo rayos quedaste con zanahoria en la parte de atrás de la oreja, oye?!). Pero agradezco que se está desarrollando acorde con su edad y que tiene el deseo y la capacidad de ser independiente.

El desastre en el comedor es un problema de lujo.

Ese niñito ("el Niñito Alemán", como le dicen mis papás) es un terremoto que gatea por toda la casa (¡persigue a Robotina!) y no hay enchufe que esté seguro a su alcance, y le encantan los cables, y se come el control del televisor, y dañó el mouse (se lo intentó comer y ya el aparatico no funciona), y muerde las guitarras del papá, y me hala el pelo (y se lo come), y saca todos los libros (y se los come), y encuentra papeles que yo estaba segura que había guardado (y se los come), y le encanta jugar con la pantufla del papá (y se la come), y le fascina el banquito (...y sí, se lo come...). Pero agradezco que es un niño despierto, activo, con hambre de conocer el mundo (y aparentemente hambre literal, porque todo va pa' la boca...) y con un espíritu aventurero que nos heredó tanto a su papá como a mi.

Su activa actividad activista es un problema de lujo.

Ay, #littleBabyHergett. Ojalá nos sigas "arruinando" los días con estos problemas de lujo. Porque no hay nada mejor que despertarnos con tus risas - aunque sea a las 5 de la madrugada de un domingo. Sigue "arruinando" nuestros días escalándonos para poder ver el mundo desde diferentes perspectivas. Sigue "arruinando" nuestros días haciendo ruidos y sonidos nuevos para comunicarte con el mundo. Yo no creo que deje de quejarme (quiero ful poder dormir, hey). Pero detrás de todos mis problemas de lujo, hay una mamá profundamente agradecida de tener el privilegio de verte crecer.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Xenofobia

Han pasado un par de días desde los ataques terroristas en París y, aunque (gracias a Dios) no he sido directamente afectada, hoy viví como esto me ha cambiado.

Ya ves, sabes que me considero una persona pensante, racional, inteligente; con capacidad de distinguir y con la habilidad de evitar generalizaciones. Creo que soy suficientemente madura para no mezclar el caldo con la tajada y para ver (aún cuando no decir) las cosas como son.

Pero hoy todo eso, toda esa madurez e inteligencia se fueron por la borda cuando, durante mi paseo diario con #littleBabyHergett me topé con una mujer "disfrazada" de musulmana, tapada de pies a cabeza, solo los ojos libres. Y mira mi ignorancia: no tengo ni idea cuál es la religión de la señora, pero yo la "otrorizo" y de una la clasifico como algo distinto a mi, y como lo distinto es malo y los medios me han enseñado que lo malo es el Islam, entonces esta señora es una terrorista musulmana y punto.

No te he contado que llevaba consigo dos niños, uno caminando (de 4 o 5 años) y uno dormido en el coche. No te he contado que su Burka resalta unos hermosos ojos verdes. Tampoco te he contado que ya la había visto antes, varias veces. No, no te he contado nada de eso porque yo tampoco lo pensé hoy en mi momento de xenofobia. Solo vi a una persona que me quería hacer daño. Porque eso es lo que todos los musulmanes quieren, ¿cierto? Hacernos daño.

En el supermercado había un hombre con cara de musulmán y me cambié de carril para evitarlo. En el semáforo en la esquina de mi casa otro musulmán estableció contacto visual conmigo y yo quité la mirada.

Estando ya en la seguridad de mi casa, sentí vergüenza. Vergüenza de mi misma - menos mal que #littleBabyHergett es muy chiquito para haberme visto y entendido, porque yo no quiero que él sea como yo fui hoy.

Es que es justo como si alguien me tuviera miedo a mi porque soy colombiana y todos los colombianos somos terroristas de las FARC. Es tan mentira que ser colombiano significa ser guerrillero como que ser musulmán significa ser terrorista.

Y eso que yo soy pensante y racional... a pesar de eso caí en lo más bajo de la xenofobia.

Este es el efecto latente y perdurable de estos ataques terroristas: que nos inculcan miedo. Miedo a salir, miedo a establecer contacto visual, miedo a lo extraño. Mi misión para conmigo misma es no volver a caer en eso - hacer mi mejor esfuerzo, al menos. Y mi misión para con mi hijo, es que él aprenda desde ya que ni unos pocos idiotas representan el todo, ni el todo debe sufrir por unos pocos idiotas.

Yo soy colombiana. Yo no soy guerrillera.

Yo soy ciudadana del mundo. Yo no soy xenofóbica.

Yo soy un ser humano. Yo no soy una religión.

Yo soy pensante. Yo no soy generalizadora.

Yo soy miedosa (los monstruos debajo de mi cama son reales). Yo no sufro de miedos irracionales (fobias) a lo ajeno o extraño.

Yo soy Natalya. Yo no soy xenofóbica.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Juguetes

Mi esposo y yo somos unos exagerados. Y lo aceptamos sin pena. #littleBabyHergett no puede ni sentarse solo, y ya estamos pensando en el carro que va a manejar y a qué universidad va a ir. Pero antes de tomar esas decisiones, hemos tomado otras más acordes a su edad y su nivel de desarrollo. Por ejemplo, sus juguetes. Pero #littleBabyHergett es hijo de su papá y él no juega con lo que le dan sino con lo que él quiere. Como, por ejemplo: le compramos una maraca de colores brillantes que deberían estimularlo, ergonómica para ayudar a su motricidad, y con paredes reforzadas para que no suene tan duro. Genial, ¿cierto? #littleBabyHergett prefirió jugar con el empaque, porque el plástico hacía ruido.

Aparentemente  el plástico hace ruido más chévere que la maraca.

Cuando le empezaron a salir los dientes, le compramos un juguete especial: con manijas a ambos lados para facilitar el agarre, de colores fuertes para estimularlo, con un sonajero en el centro para diversión, con una superficie reflectora para más estímulo y más diversión, y dos protuberancias de un plástico blandito corrugado para morder que masajea las encías y así ofrece alivio. Pero #littleBabyHergett prefiere morder la pantufla...

Le compramos un piso esponjado y un castillo de bolas con 100 bolas de colores, y tiene una canasta llena de juguetes inteligentes y estimulantes... pero el los deja todos atrás y gatea hacia la mata.

Tiene libros en inglés, español y aleman; libros inteligentes y libros tontos; libros con muchas palabras y libros con muchas imágenes; libros que suenan y libros que brillan y libros con diferentes texturas. Pero #littleBabyHergett quiere que le lea el folleto más reciente con los descuentos en el supermercado.

El bebé tiene un sonajero que le compró la tía Nini en Italia, todo artístico y hecho a mano y artesanal y todo. Pero #littleBabyHergett quiere jugar con el empaque de Kleenex.

Este pobre niñito, que no tiene juguetes y que nadie lo quiere, tiene una cuna enorme con cobijas tejidas a mano y con amor por la abuela paterna... pero él quiere dormir en la cama de adultos con la cobija de adultos, entre el papá y la mamá. Pero de esto no me quejo, porque oírlo y sentirlo respirar a mi lado es la sensación más relajante del mundo. Y cuando se despierta y le traemos todos los juguetes a la cama para tener un momento mañanero de pereza en familia... ah... este niño quiere jugar con los rizos de la mamá y con los dedos del papá.

La verdad es que mientras siga contagiándome con sus deliciosas carcajadas, puede jugar (y no jugar) con lo que él quiera.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Sin obligaciones

Porque yo soy una cobarde que se auto-censura, este post va en metáfora (como la de hace unos años sobre la pasta de dientes).

Llevo 5 años en Alemania - mi esposo 6 - y a los dos nos encantan las manzanas. A veces parece que me gustaran a mi más que a él, pero la verdad es que a ambos nos gustan. Ful. Y lo chévere de vivir aquí es que todo tiene su temporada, entonces uno nunca se cansa de nada. Al final del verano empieza la temporada de manzanas, y entonces uno (o sea, yo) empieza a emocionarse con todo lo que puede hacer con ellas, porque desde el año pasado no había manzanas. Ahora empieza la temporada de pie de manzana, pastel de manzana, Apfelstrudel, manzanas caramelizadas, compota de manzana, tarta de manzana, jugo de manzana, mermelada de manzana... ach, me siento como Buba en Forest Gump haciendo el listado de las cosas que se pueden hacer con camarones - soy muy chistosa.

Estamos felices con la temporada de manzanas (aunque signifique frío) y no podemos esperar a que lleguen a nuestra casa las primeras manzanas.

Al llegar a Alemania, yo hace 5 y mi esposo hace 6 años, le dijimos a todo el mundo que nos encantan las manzanas. Lo dijimos en chiste, en serio, por escrito, por teléfono... y lo que pasa es que para muchos alemanes son un encarte sus árboles de manzana (que crecen como palos de mango en Barranquilla) porque son demasiadas manzanas y no saben qué hacer con tanta cosa buena. Entonces la primera vez que nos preguntaron si queríamos manzanas, dije que SÍ con tanta emoción que me trajeron demasiadas - ja ja. Hice cosas deliciosas (gracias a mi hermana por los tutoriales) y se acabó la temporada y ajá.

Al año siguiente volvió, y otra vez dije (directa e indirectamente, por escrito y en vivo y por teléfono) que quería manzanas. Y o me las trajeron o me invitaron a ir por ellas. Y otra vez fue una temporada deliciosa.

Lo mismo al tercer año. Y al cuarto. Y ahora estamos en el quinto...

Ya mandé mi mensaje al Cartel de la Manzana, pero estoy tristemente sorprendida de la falta de respuesta. Es decir, no es como si al regalarme manzanas (que en serio son entre 5 y 10) se les fuera a acabar el árbol; ni tampoco que yo exijo servicio a domicilio (yo siempre ofrezco pasar por ellas y recolectarlas yo misma) ni mucho menos. Y no es como si la gente del Cartel de la Manzana no supiera que las quiero - este es el quinto año consecutivo de esto.

¿Y entonces? ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué siento que estoy rogando por manzanas, que en últimas NO necesito?

Mira: yo no le voy a rogar manzanas a nadie. A nadie. En mi familia (Honey, #littleBabyHergett y yo) nadie le va a rogar manzanas a nadie. Nosotros podemos perfectamente comprarlas o no comer manzanas una temporada. O si no, conocemos suficiente gente en Kiel para hacer un Cartel de la Manzana nuevo, con gente nueva que sí nos quiera regalar las manzanas. El regalo de las manzanas no es porque seamos pobres y no tengamos con qué pagarlas (aquí son tan baratas como el mango en Barranquilla), sino porque es una bonita tradición esta de recolectar las manzanas que crecen silvestres en tu jardín y regalarlas a los amigos. No es limosna - es cariño.

Y yo no voy a obligar a nadie a que me quiera.

¿No me quieres dar manzanas? Fresco. Quédatelas. Son tuyas de todos modos. Yo no necesito tus manzanas. Es más, ya ni las quiero. Ni me las traigas. Regálalas a tus otros amigos, porque parece que tienes muchos, y comparte con ellos tus manzanas.

Yo no voy a obligar a nadie a regalarme manzanas, porque no voy a obligar a nadie a que me quiera. Mi familia y yo estamos perfectamente bien sin tus manzanas. Ya de otros amigos recibiremos fresas en su época, o moras o peras o papas o pastinake. Ya no quiero tus manzanas. No quiero nada de ti.

Que te aproveche.

lunes, 18 de mayo de 2015

El más grande temor de los padres de un recién nacido

Claro que los padres primerizos estamos muertos del miedo todo el tiempo. Es nuestro nuevo status quo y modus operandi desde que el bebé primero abrió los ojitos. Miedo de cargarlo, miedo de soltarlo, miedo de lastimarlo, miedo de dejarlo caer; miedo de no alimentarlo lo suficiente, miedo de alimentarlo demasiado; miedo de tenerlo demasiado tiempo en brazos, miedo de no tenerlo lo suficiente; miedo de sobre estimularlo, miedo de subestimularlo. Y además están los miedos futuros: miedo de que se caiga montando bicicleta, miedo de que la idiota pelaita boba esa le parta el corazón, miedo de que no lo acepten en el programa universitario que quería, miedo de que sea ful bueno en un deporte pero no lo suficiente para ser deportista profesional, miedo de que se vaya a Tailandia y que le pase algo, miedo de que cuando sea grande no sea feliz...

Pero todos esos miedos son tan exagerados y sin fundamento. A un recién nacido no se le puede malcriar; el bebé no se va a dejar morir de hambre; todo lo que sus ojitos ven son estímulos. Sí, sí se va a caer, y sí, sí le van a partir el corazón... Pero, igual que su papá y yo, se va a levantar, va a volver a intentar, y va a aprender de sus errores. (Por ejemplo, NO se irá a Tailandia.)

Esos miedos son intangibles, imaginarios, irreales hasta que llega el momento.

Este, sin embargo, es el verdadero temor de todo padre de un recién nacido. Es la peor pesadilla, es aterrador. Alfred Hitchcock, Stephen King y M Night Shyamalan no han hecho películas de esto, porque nadie se mete con miedos universales tan pesados como estos.

Píntate esta escena:

Por fin has logrado que el bebé se duerma. Ha sido un día largo en el que has cumplido todos sus deseos: has jugado, le has cantado, le has alimentando y cambiado el pañal, le (y te) has limpiado el vómito... Y ya, por fin, gracias al Dios misericordioso, duerme. Tu y tu pareja dejan de respirar para no despertarlo. Las luces de toda la casa están apagadas. Nada suena, nada pita, nada chilla. El bebé es un ángel, con sus ojitos cerrados y su respiración constante. Sin perderlo de vista, tu y tu pareja dan pasos lentos y ligeros para salir de la habitación. Uno. Detrás. Del. Otro. Sin. Respirar. Shhh. El bebé sigue dormido. Enciendes el monitor - krrrrr - hace un ruido y el bebé se mueve, como acomodándose. Tu corazón se detiene, pero él sigue dormido. Tu no has sido capaz de respirar todavía y ya te estás poniendo azul, tu pareja detrás de ti sufre de taquicardia. Temen los dos que los latidos de su corazón despierten a tu ángel. Pero él sigue dormido. Dan. Otro. Paso. Atrás. Para. Salir. Chilla una madera - estúpido piso de madera. El bebé duerme. Tienes los pelos de punta, y nada que has respirado. Se te empieza a poner borrosa la vista. Último paso. Ya ambos están fuera del cuarto. Cierras la puerta - crrrriiiiiiiii - llora la bendita puerta del demonio. Tu bebé mueve sus manitas, sus ojos cerrados. La puerta cierra, tu pareja y tu se miran fijamente. Lentamente sueltan el poco aire que les queda, y respiran. Sonríen. Lo han logrado. Ya. Ya se ha acabado el día. Ya no más ser papá o mamá - por fin pueden ser adultos, esposos, seres humanos sin dependencia.

Hasta que el monitor suena.

**empieza la música de terror**

En este momento, tu hijo es "Schrödinger's Baby": simultáneamente dormido y despierto, hasta que abras la puerta para confirmar lo uno o lo otro.

¿Qué hacer? Miras a tu pareja, tu pareja te mira a ti. ¿Quién va? Ambos tiemblan de pánico. El pavor hace que no piensen racionalmente. Quieren huir pero no pueden. Quieren salir volados a ver qué ha causado el ruido que salió del monitor, pero no pueden. Están petrificados en el sofá de la sala, los ojos cansados, llorosos y adormilados.

**la música de terror se intensifica**

Se toman de las manos - hasta que la muerte nos separe, es lo que prometimos - y caminan hacia el cuarto. Se miran - ha sido un placer combatir a tu lado. Te amo. - y tu pones una mano en la manija de la puerta. Al abrir suena krrrrriiiiii y tu corazón se rompe en pedacitos. Ambos se asoman a ver, pero no alcanzan. Demasiado oscuro. Demasiado lejos. Dan un paso hacia adelante. La madera chilla. Una lágrima corre por tu mejilla. Se acercan más, un poco más, ya - ya pueden ver a su hijo. ¿Ojos abiertos o cerrados?

**dun dun duuuuuuuun**

Es la película de terror más aterradora del mundo.

Es aterradora porque...

...porque...

...sus ojos están abiertos.

¡NOOOOOOOOOO!

lunes, 4 de mayo de 2015

de cómo nos robaron al bebé en un restaurante

Honey yo somos bastante relajados en cuanto a "compartir" a #littleBabyHergett. Mientras mi mamá estuvo viviendo con nosotros, Honey era muy gentil en dejar que la abuela cargara al niño la mayoría del tiempo. "Yo lo voy a tener toda la vida," decía él, "y ella solo unos días más." Muy divino él.

Cuando nos vemos con la madrina de #littleBabyHergett, ella lo carga de una vez y no lo suelta hasta que ya ya ya - ya le ponemos la ley (la última vez casi no lo deja comer porque quería seguirlo cargando). La relación de ellos dos es muy linda, y él se siente muy seguro y tranquilo con ella. Y ella, con un hijo único de 14 años, se siente feliz con un bebé de nuevo en brazos.

A los amigos que han venido a visitar les ponemos el bebé en el regazo y tomamos fotos. Hay unas geniales, de amigos muertos del miedo con un bebé tan chiquito; y otros muy cómodos, cerveza en una mano, #littleBabyHergett en la otra.

Los alemanes, aunque muy gentiles, son más bien distantes. Los que se acercan a ver al bebé, lo hacen a una distancia prudente, siempre pendientes de no incursionar en la burbuja imaginaria que rodea al niño. Sobre todo aquellos que no nos conocen muy bien (el vecino, por ejemplo). Y los desconocidos que en la calle se quedan fascinados con el mazo de pelo negro que tiene nuestro hijo y sus enormes ojos cafés abiertotes, devorando al mundo una mirada a la vez, de a metros hacen comentarios bonitos sobre nuestro pequeño retoño.

Pero el fin de semana pasado... eso fue una sorpresa.

Estábamos en un restaurante con unos amigos gringos que vinieron a conocer a #littleBabyHergett. Estamos almorzando, Honey con el bebé en sus brazos, y la gente de la mesa de al lado (una pareja con pinta de abuelos jóvenes) se pone a "jugar" con #littleBabyHergett, haciéndole caritas, sonriéndole, saludándolo - muy lindo, muy normal. La señora se levanta de la mesa y se acerca más a Honey, se acerca más al bebé. Esto es raro, pero todavía no nos molesta: ella le sonríe, él le sonríe, el bebé se ataca de la risa. Es bonito.

Solo que de un momento a otro, sin advertencia ni pregunta ni nada, la señora extiende los brazos y le quita a Honey el bebé de las manos. Honey, mientras entrega al bebé, me mira, escandalizado, y yo solo estoy petrificada en mi silla, lista para salir corriendo tras ella cuando intente robarse a mi bebé.

Ella lo coge con una naturalidad que solo tienen las abuelas, y el muy descarado de #littleBabyHergett se ríe con ella. Ella le juega, le hace ruidos, y él se ríe y le habla. Ella se voltea para mostrárselo a su esposo, quien también le hace muecas y ruidos, y el descarado de nuestro hijo se ríe con ellos. 

Ya. Ya se ha olvidado de sus padres y tiene familia nueva. 

Luego de dos eternos minutos, larguísimos dos minutos, interminables dos minutos, la señora le devuelve el bebé a Honey, diciendo que tenemos un bebé hermoso y blah blah blah. Honey está tan petrificado como yo, con una sonrisa cincelada en la cara y la mirada perdida en estado de shock. El bebé regresa a Honey y se sonríe - toda esta tragedia para él ha sido solo un juego. 

Y así es - así fue como nos robaron al bebé durante dos minutos en un restaurante. Yo no sé qué hubiera hecho yo si el bebé hubiese estado en mis brazos. Quizá lo habría "entregado" de la misma forma que hizo Honey. Es que, ¿cómo dice uno que no? Sobre todo cuando a uno no le han preguntado si pueden cargar al bebé...

Tu, ¿qué hubieras hecho?

domingo, 19 de abril de 2015

La psicología del desarrollo

Mi tía S es psicóloga. Un día, estaba sentada en la mesa del comedor con su mamá y su hijo de entonces poco menos de un año. Ella estaba contándole a su mamá como estaba de complacida con el desarrollo de su hijo, quien (tirando su juguete al piso) estaba aprendiendo el concepto de la profundidad. Recitaba la teoría de memoria (mientras mi primo tiraba su juguete al piso y ella lo recogía y se lo pasaba) sorprendida de su avanzado desarrollo (y mi primo lanzaba su juguete al piso y ella lo recogía) y alardeando de sus habilidades (mientras él volvía a tirar el juguete y ella volvía a recogerlo). A la vez número 32 de esta repetición --el tiraba el juguete al piso y ella lo recogía y se lo pasaba-- se cansó de tanta psicología y de tanto cuento y le dijo, "¡Si vuelves a tirarlo al piso ahí se queda!"

Y hasta ahí llego la diversión de mi primo y la psicología de mi tía.

Ayer me pasó algo similar a mi...

Yo sé (sácate la mano de la boca) que los niños pasan por tres etapas básicas de desarrollo psicoafectivo: la oral, la anal y la fálica (sácate la mano de la boca). Yo sé esto porque lo estudié en la universidad y porque (sácate la mano de la boca) soy hija de psicóloga y sobrina de psicóloga y tengo amigas psicólogas. Estoy rodeada de psicología (sácate la mano de la boca) y a veces ayuda mucho saber qué es lo que está pasando dentro de la cabecita de #littleBabyHergett. Sin embargo (sácate la mano de la boca) hay ciertas cosas que (sácate la mano de la boca) aún entendiendo, no comprendo (sácate la mano de la boca), como el hecho de tener un (sácate la mano de la boca) delicioso chupo en la (sácate la mano de la boca) boca y aún así querer (sácate la mano de la boca) meterse la (sácate la mano de la boca) mano en la (sácate la mano de la boca) boca.

Y no es un dedo como la gente "normal". No señor. (sácate la mano de la boca) #littleBabyHergett (sácate la mano de la boca) quiere meterse la mano entera (sácate la mano de la boca) con chupo y todo (sácate la mano de la boca). Yo lo miro y entiendo que (sácate la mano de la boca) está descubriendo  su cuerpo y (sácate la mano de la boca) el mundo por medio (sácate la mano de la boca) de su boca (sácate la mano de la boca). Yo lo miro y (sácate la mano de la boca) entiendo, de verdad (sácate la mano de la boca) entiendo. Pero (sácate la mano de la boca) no entiendo por qué se mete la mano a la boca y me (sácate la mano de la boca) saca de quicio.

Y ajá. A mi también (sácate la mano de la boca) se me queda corta la psicología (sácate la mano de la boca) porque esa mano babeada me parece wacala (sácate la mano de la boca) y no quiero que sea un niñito que chupe dedo (sácate la mano de la boca), porque yo chupé dedo ful tiempo y fue horrible.
Así que deja la bobada de estar descubriendo tu cuerpo por tu boca, SÁCATE LA MANO DE LA BOCA, descubre el mundo con tus ojos, con tu nariz, con tus oídos... Pero por todo lo mas sagrado del universo, ¡sácate la mano de la boca!

(No quiero ni imaginarme lo que me viene ahorita con las siguientes etapas de desarrollo psicoafectivo...)