lunes, 18 de mayo de 2015

El más grande temor de los padres de un recién nacido

Claro que los padres primerizos estamos muertos del miedo todo el tiempo. Es nuestro nuevo status quo y modus operandi desde que el bebé primero abrió los ojitos. Miedo de cargarlo, miedo de soltarlo, miedo de lastimarlo, miedo de dejarlo caer; miedo de no alimentarlo lo suficiente, miedo de alimentarlo demasiado; miedo de tenerlo demasiado tiempo en brazos, miedo de no tenerlo lo suficiente; miedo de sobre estimularlo, miedo de subestimularlo. Y además están los miedos futuros: miedo de que se caiga montando bicicleta, miedo de que la idiota pelaita boba esa le parta el corazón, miedo de que no lo acepten en el programa universitario que quería, miedo de que sea ful bueno en un deporte pero no lo suficiente para ser deportista profesional, miedo de que se vaya a Tailandia y que le pase algo, miedo de que cuando sea grande no sea feliz...

Pero todos esos miedos son tan exagerados y sin fundamento. A un recién nacido no se le puede malcriar; el bebé no se va a dejar morir de hambre; todo lo que sus ojitos ven son estímulos. Sí, sí se va a caer, y sí, sí le van a partir el corazón... Pero, igual que su papá y yo, se va a levantar, va a volver a intentar, y va a aprender de sus errores. (Por ejemplo, NO se irá a Tailandia.)

Esos miedos son intangibles, imaginarios, irreales hasta que llega el momento.

Este, sin embargo, es el verdadero temor de todo padre de un recién nacido. Es la peor pesadilla, es aterrador. Alfred Hitchcock, Stephen King y M Night Shyamalan no han hecho películas de esto, porque nadie se mete con miedos universales tan pesados como estos.

Píntate esta escena:

Por fin has logrado que el bebé se duerma. Ha sido un día largo en el que has cumplido todos sus deseos: has jugado, le has cantado, le has alimentando y cambiado el pañal, le (y te) has limpiado el vómito... Y ya, por fin, gracias al Dios misericordioso, duerme. Tu y tu pareja dejan de respirar para no despertarlo. Las luces de toda la casa están apagadas. Nada suena, nada pita, nada chilla. El bebé es un ángel, con sus ojitos cerrados y su respiración constante. Sin perderlo de vista, tu y tu pareja dan pasos lentos y ligeros para salir de la habitación. Uno. Detrás. Del. Otro. Sin. Respirar. Shhh. El bebé sigue dormido. Enciendes el monitor - krrrrr - hace un ruido y el bebé se mueve, como acomodándose. Tu corazón se detiene, pero él sigue dormido. Tu no has sido capaz de respirar todavía y ya te estás poniendo azul, tu pareja detrás de ti sufre de taquicardia. Temen los dos que los latidos de su corazón despierten a tu ángel. Pero él sigue dormido. Dan. Otro. Paso. Atrás. Para. Salir. Chilla una madera - estúpido piso de madera. El bebé duerme. Tienes los pelos de punta, y nada que has respirado. Se te empieza a poner borrosa la vista. Último paso. Ya ambos están fuera del cuarto. Cierras la puerta - crrrriiiiiiiii - llora la bendita puerta del demonio. Tu bebé mueve sus manitas, sus ojos cerrados. La puerta cierra, tu pareja y tu se miran fijamente. Lentamente sueltan el poco aire que les queda, y respiran. Sonríen. Lo han logrado. Ya. Ya se ha acabado el día. Ya no más ser papá o mamá - por fin pueden ser adultos, esposos, seres humanos sin dependencia.

Hasta que el monitor suena.

**empieza la música de terror**

En este momento, tu hijo es "Schrödinger's Baby": simultáneamente dormido y despierto, hasta que abras la puerta para confirmar lo uno o lo otro.

¿Qué hacer? Miras a tu pareja, tu pareja te mira a ti. ¿Quién va? Ambos tiemblan de pánico. El pavor hace que no piensen racionalmente. Quieren huir pero no pueden. Quieren salir volados a ver qué ha causado el ruido que salió del monitor, pero no pueden. Están petrificados en el sofá de la sala, los ojos cansados, llorosos y adormilados.

**la música de terror se intensifica**

Se toman de las manos - hasta que la muerte nos separe, es lo que prometimos - y caminan hacia el cuarto. Se miran - ha sido un placer combatir a tu lado. Te amo. - y tu pones una mano en la manija de la puerta. Al abrir suena krrrrriiiiii y tu corazón se rompe en pedacitos. Ambos se asoman a ver, pero no alcanzan. Demasiado oscuro. Demasiado lejos. Dan un paso hacia adelante. La madera chilla. Una lágrima corre por tu mejilla. Se acercan más, un poco más, ya - ya pueden ver a su hijo. ¿Ojos abiertos o cerrados?

**dun dun duuuuuuuun**

Es la película de terror más aterradora del mundo.

Es aterradora porque...

...porque...

...sus ojos están abiertos.

¡NOOOOOOOOOO!

2 comentarios:

  1. Ay Natal... y pensar que será así por los próximos... años. Tu estilo sigue cautivando. Me gustó. Oye ¿tienes issues con Tailandia no? Ay Natal...

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