Este es, entonces, el sueño parisino. El sueño de los artistas que vienen a buscar su musa en los Campos Elíseos o la inspiración en el Monte de los Mártires.
Escribo esto sentada en uno de esos cafés que salen en las películas - mi situación actual es una película noir en la que yo balbuceo algo de francés. En la mesa de al frente hay un viejo fumando incesantemente y garabateando su próxima gran novela en una servilleta con la mancha anillada de su copa de vino, ya rellenada tantas veces que se confunde el mugre con el rojo elixir.
Por la ventana veo abuelas que me sonríen al pasar. Me ven sentada sola y piensan, seguramente, que el que come solo muere solo, pero no me acompañan. Me miran pensando por qué una niña de mi edad (¿que edad creerán que tengo?) está sentada sola en un café de París.
A mi lado está sentada una niña (¿tendrá mi edad?) haciendo llamadas telefónicas, buscando un apartamento nuevo. Llama y llama y habla y habla pero nada que consigue nada. Del otro lado, la niña que acaba de entrar pide un café y cuenta las monedas en su billetera mientras se lo traen. Lee el periódico, mira las noticias en el televisor sin volumen, busca algo en su teléfono, algo que no encuentra. Tiene entre el índice y el dedo medio de su mano izquierda un cigarrillo que no enciende; en la otra mano juega con una cajita de fósforos.
Un viejo sale de la cocina, se quita el delantal, lo deja en la caja registradora. Busca su sombrero, se pone su abrigo, y se despide de cada uno por nombre (a mi me dice mademoiselle), haciendo contacto visual directo e ininterrumpido, y mostrando entre sus labios sonrientes dientes manchados por décadas de vino y cigarrillo. Pero su sonrisa contagiosa revela el blanco puro de su alma y los colores de sus alegrías. Camina con esa pesadez de un viejo que se enfrentará a la muerte como viejos amigos, pero con la mirada hacia al frente para poder disfrutar de todo lo que le ofrece París en cada instante de lo que le queda de vida.
Mi mesero me mira y puedo ver los subtítulos de sus pensamientos. Busca en todas sus memorias por las palabras en ingles para "¿algo mas?" o "¿postre?" sin saber que, mientras lo veo, mis pensamiento tienen los mismos subtítulos en francés para el: "¿como se dice la cuenta, o estuvo todo muy rico, muchas gracias?" Nos encontramos leyendo los subtítulos del otro y terminamos diciendo, él "Café madame?" y yo, "Non, merci beaucoup."
Tanta práctica (tantos años estudiando otros idiomas) para terminar hablando casi en monosílabos y con señas. La sonrisa (y la pena) es universal.
Hay de todo en París, pero la inspiración llega cuando te encuentras solo, y entonces confundes a tu musa con la melancolía que inunda tu corazón. Y esa melancolía te consume y la soledad te cobija y entonces el café no sabe bien si no es con vino y el vino solo sabe bien con cigarrillo. Y no sabes si son tus papilas las que han cambiado o si es que el ambiente te hace desear cosas que nunca antes has deseado. Y te encuentras, entonces, una tarde en un café, con la botella de vino medio vacía, el mantel blanco con anillos de vino tinto, la copa con manchas de pintalabio. La taza de café al lado de un croissant comido a medias y un cigarrillo que no fumas, pero que se quema frente a ti en un cenicero. La lluvia cae diferente en esta París noir, hasta las gotas caen sin ganas, sin rumbo fijo. Y este ambiente te consume, te encierra...
Por las calles los pintores pintan, los escritores escriben, los cantantes cantan, los violinistas violinan. ¿Y yo? ¿Yo que soy?
Pues si para ser escritora me toca sumergirme en esta melancolía parisina, prefiero renunciar a mi vocación y volver a la no menos fría pero si mas acompañada Alemania. Pagaré mi cuenta, me iré de este café, dejando aquí la melancolía contagiada, y contaré los minutos para que me toque ya volver a casa. A casa, donde me espera honey con una sonrisa contagiosa, que si bien no me ganará un premio Nobel en literatura, sí me ganará una vida compartida al lado de la persona que amo.
Y muy probablemente después de varios años de mirar los "nuevos ganadores del premio Nobel" te mires al espejo y re-confirmes que la decisión tomada aquella tarde en aquel café en París, fue la mejor decisión. Sonrisa contagiosa mata todo lo demás.
ResponderBorrarQue chevere volver a leer los posts que habia dejado de leer por varias razones.
ResponderBorrarTengo que experimentar dicha melancolia, tengo que visitar Paris ya que noe res la priemra que me la describe como tal y ya capto mi interes :)
bueno, ahora me mata la intriga... ¿cuáles fueron las razones?
BorrarPara mí, París no es una ciudad que haya que VOLVER a visitar. Ya he ido tres veces, pero la verdad con una habría bastado. Pero sí hay que conocerla, definitivamente.
A Paris lo tengo planeada para mi visita a europa #3 que seria francia, españa y portugal :P
BorrarLas razones bueno abri un negocio nuevo en diciembre y peus como podras imaginar me cogio el tiempo libre y lo copo. Las demás son las normales, que navidad, que año nuevo, que llego fulanito de visita y perencejo quiere invitarte a su casa, etc.