jueves, 12 de noviembre de 2015

Juguetes

Mi esposo y yo somos unos exagerados. Y lo aceptamos sin pena. #littleBabyHergett no puede ni sentarse solo, y ya estamos pensando en el carro que va a manejar y a qué universidad va a ir. Pero antes de tomar esas decisiones, hemos tomado otras más acordes a su edad y su nivel de desarrollo. Por ejemplo, sus juguetes. Pero #littleBabyHergett es hijo de su papá y él no juega con lo que le dan sino con lo que él quiere. Como, por ejemplo: le compramos una maraca de colores brillantes que deberían estimularlo, ergonómica para ayudar a su motricidad, y con paredes reforzadas para que no suene tan duro. Genial, ¿cierto? #littleBabyHergett prefirió jugar con el empaque, porque el plástico hacía ruido.

Aparentemente  el plástico hace ruido más chévere que la maraca.

Cuando le empezaron a salir los dientes, le compramos un juguete especial: con manijas a ambos lados para facilitar el agarre, de colores fuertes para estimularlo, con un sonajero en el centro para diversión, con una superficie reflectora para más estímulo y más diversión, y dos protuberancias de un plástico blandito corrugado para morder que masajea las encías y así ofrece alivio. Pero #littleBabyHergett prefiere morder la pantufla...

Le compramos un piso esponjado y un castillo de bolas con 100 bolas de colores, y tiene una canasta llena de juguetes inteligentes y estimulantes... pero el los deja todos atrás y gatea hacia la mata.

Tiene libros en inglés, español y aleman; libros inteligentes y libros tontos; libros con muchas palabras y libros con muchas imágenes; libros que suenan y libros que brillan y libros con diferentes texturas. Pero #littleBabyHergett quiere que le lea el folleto más reciente con los descuentos en el supermercado.

El bebé tiene un sonajero que le compró la tía Nini en Italia, todo artístico y hecho a mano y artesanal y todo. Pero #littleBabyHergett quiere jugar con el empaque de Kleenex.

Este pobre niñito, que no tiene juguetes y que nadie lo quiere, tiene una cuna enorme con cobijas tejidas a mano y con amor por la abuela paterna... pero él quiere dormir en la cama de adultos con la cobija de adultos, entre el papá y la mamá. Pero de esto no me quejo, porque oírlo y sentirlo respirar a mi lado es la sensación más relajante del mundo. Y cuando se despierta y le traemos todos los juguetes a la cama para tener un momento mañanero de pereza en familia... ah... este niño quiere jugar con los rizos de la mamá y con los dedos del papá.

La verdad es que mientras siga contagiándome con sus deliciosas carcajadas, puede jugar (y no jugar) con lo que él quiera.

1 comentario:

  1. Rolf... hola Rolf, que buena descripción está haciendo tu mamá de lo que está pasando en tu casa ahora. No le voy a pedir a los vecinos que me cuenten como estás porque no tengo dudas de tu creatividad para descubrir en cada cosa un juguete. Me hiciste reir Natal...!

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