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Carta abierta a Shakira

Ay, Shaki... Yo te quiero y admiro ful, aunque lo que conozco de ti son los mitos que has dejado en Barranquilla y lo que nos muestras en televisión, lo que dices en Twitter, lo que cantas. Me enorgullece que seas barranquillera, me eriza cuando dices que "en Barranquilla se baila así," me alegra saber que inviertes mucho dinero en el futuro de Barranquilla por medio de tu fundación. Creo que eres una artista maravillosa: cantas, tocas, compones. Eso me gusta de ti. Me gusta además como bailas. Me gustan los duetos que haces, aunque algunos sean demasiado sexuales. Pero bueno: es la época, es la música, es la letra. En algunas coreografías, aunque ultra-sensuales, la coordinación que tienes con tu pareja es arte - eso toca aceptarlo. Me gusta que tienes una mezcla genial y sincera de canciones privadas y sentimentales, con canciones superficiales, divertidas, comerciales. Eso es chévere. Vende, además. Me gusta eso de ti: eres artista pero tienes bien claro que esto en lo q...

¿Y ahora qué hacemos? // ¿Para qué haces eso, mamita?

Esas son las dos preguntas que rigen mi vida. Cuando mi abuela estaba en sus últimos días (quizá últimas semanas...), su vida se regía por un estricto régimen de medicinas que se aplicaban a diversas horas, siempre en punto. Era como el plan del día: a las 8 am, la primera; a las 9:30, la segunda; a las 10:15 otra... y así se pasaba el día. A horas específicas había la necesidad de comer algo (era un poquito complicado porque mi abuela no quería comer, pero sabía que le tocaba), y en días especiales había visita de médicos (sí, en plural) planeadas, y los cinco hijos se repartían los días y las horas para que mi abuela nunca estuviera sola. A las 7:55 am, entonces, empezaba la preparación de la primera medicina. Esos cinco minutos eran muy ocupados: mi abuela tenía que sentarse en la cama, lo cual era difícil y doloroso para ella; tocaba buscar en la lista qué medicina tocaba, revisar la lista de nuevo para no cometer equivocaciones, tomar la medicina correcta de la mesa, revisar de ...

Lo hago yo misma

Ahora que ya soy adulto de verdad de verdad (ya a los 30 una no puede seguir metiendo monos...), he aprendido a hacer muchas cosas que antes no hacía. Lo peor (¿lo mejor?) de todo, es que las hago bien. Y me frustra, entonces, pagar por cosas que yo hago muy bien - a veces hasta mejor. Puedo hacerme el blower  yo solita (alisarme el pelo). Me demoro, sí; pero me queda liso perfecto. En la peluquería, en cambio, me queda hecho como a medias. Pago por el servicio, es cierto, pero no quedo contenta habiendo pagado 30€ por algo que yo hago mejor. Hago un pie de limón de muerte lenta - y no me molesta hacerlo. Y no me demoro. Pero me da rabia - rabia al punto de no poder disfrutarlo - pagar 5€ por un slice de pie de limón de la repostería de la ciudad cuando mi pie, aparte de casi más rico, me cuesta 6€ enterito. Aprendí a hacer una pasta marinera deliciosa, por lo cual me rehuso a ir al restaurante italiano de aquí; lo mismo con la comida mexicana: mis tacos son tan ricos que has...

El árbol que lo dio todo: abriendo la discusión sobre el plagio

Vamos por partes: la RAE define el plagio como "Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias"; el Oxford English Dictionary va un poco más allá, aclarando que no es solo la copia de obras, sino además las ideas. Es decir, si yo digo que pienso, luego existo, y no doy una fuente, estoy plagiando a Descartes. Incluso si digo que el pensar da evidencia de mi existencia, y no doy fuente, sigo plagiando a Descartes, porque la idea no es mía. El concepto de existir no pertenece a Descartes, ni tampoco el concepto de existir; lo que se le atribuye a Descartes es la correlación directa que hay entre el pensar y el existir, y cómo lo uno es evidencia de lo otro.  El tema se vuelve bastante temeroso en ensayos académicos por el tema de las comillas (en adición al tema de la citación correcta de fuentes). Por ejemplo, si en un ensayo sobre el Libertador yo menciono que su muerte podría contribuir al cese de los partidos y a la consolidación de la unión, y por eso é...

Debates literarios

Estaba sentada en un corredor de mi universidad (jugando CandyCrush en vez de estar leyendo... qué vergüenza), cuando pasó una de mis profesoras de literatura preferidas. Me miró y me saludó, y se quedó ahí parada preguntando, "Ajá, ¿y tu qué más?" Y nos pusimos a conversar. Por alguna razón (no muy difícil de imaginar - ¿de qué hablan una profesora de literatura con su estudiante preferida?) llegamos al tema de Alice Munro. Munro es la más reciente ganadora del premio Nóbel de literatura, y yo la conocí en clase con esta profesora. Ella inmediatamente dijo, "¡Por fin alguien con mérito se gana ese premio!"A lo que yo dije, "Nooooo, Mario Vargas Llosa fue súper merecedor. Y antes de eso José Saramago - un genio, por cierto. Y Toni Morrison fue otra ful merecedora. Y ni siquiera voy a empezar a hablar de García Márquez porque es ful posible que mi corazón hable con más pasión que mi razón." Ahí se dio cuenta ella del error - de su error. Comentarios com...

El feminismo del siglo XXI

El movimiento feminista del siglo XX tuvo claras y grandes líderes - claro, yo digo ahora, varias décadas después, que eran claras... Virginia Woolf invitaba a la androginia para poder ser incluida en el discurso netamente masculino de su época. Simone de Beauvoir criticaba la posición que los hombres establecían y creaban para las mujeres - generando así una desconfianza para con el mal-llamado feminismo. Elaine Showalter demanda la creación y el empleo del ginocriticismo para que las mujeres puedan verdaderamente integrarse al discurso desde siempre controlado por el " falocriticismo " (no estoy segura si me acabo de inventar ese último término o no...). Julia Kristeva, una de mis preferidas, insiste en que esta "ilusión" del feminismo es creada por los hombres y es, por ende, no una verdadera representación de las mujeres. Hélène Cixous invita a la écriture féminine , en la que desde la palabra escrita se reconoce el género del / de la escritor/a (ella es mi men...

Un café en París

Este es, entonces, el sueño parisino. El s ueño de los artistas que vienen a buscar su musa en los Campos Elíseos o la inspiración en el Monte de los Mártires.  Escribo esto sentada en uno de esos cafés que salen en las películas - mi situación actual es una película noir en la que yo balbuceo algo de francés. En la mesa de al frente hay un viejo fumando incesantemente y garabateando su próxima gran novela en una servilleta con la mancha anillada de su copa de vino, ya rellenada tantas veces que se confunde el mugre con el rojo elixir.  Por la ventana veo abuelas que me sonríen al pasar. Me ven sentada sola y piensan, seguramente, que el que come solo muere solo, pero no me acompañan. Me miran pensando por qué una niña de mi edad (¿que edad creerán que tengo?) está sentada sola en un café de París.  A mi lado está sentada una niña (¿tendrá mi edad?) haciendo llamadas telefónicas, buscando un apartamento nuevo. Llama y llama y habla y habla pero nada que co...

Anda...

Anda... Que pena. Me fui para París y no redacté blog el primer lunes del año. Oops! Estoy sentada en el avión escribiendo desde el iPhone... Será, querido lector, que me perdonas si te prometo pasarla ful rico?! Feliz año nuevo! 

Invierte en experiencias y no en cosas

Yo no sé dónde habré escuchado yo esa frase (fijo en alguna propaganda de Mastercard...), pero la verdad es que se me ha quedado grabada. Y es que es muy buena. Esa ideología no intenta ir en contra del capitalismo, sino que le da un giro particular a eso del materialismo y del consumismo. Este nuevo mantra me invita a sí invertir, pero a invertir en "cosas" que no recojan polvo en la sala. Por eso, este 2013 fue el año de las experiencias. De cumpleaños y de aniversario de matrimonio #1, mi esposo me regaló una deliciosa tarde de spa, y yo nos regalé un viaje a Roma: De aniversario, mi hermana nos regaló un viaje a Oktoberfest: De cumpleaños a mi esposo (Honey cumplió años el 10 de diciembre) le traje de sorpresa a su mejor amigo: Mi papá, muy divino y muy obediente, es decir, con la misma idea de regalar experiencias y no cosas, me "regaló" a mi mamá y a mi hermana para navidad y año nuevo. Y mi esposo, igual de divino, nos regaló a ...

La espontaneidad tiene fecha de caducidad

A los 16 años (otro cuento de la Natalya de 16 años), mi novio de la época me invitó a cine (quería ver Hidden Tiger Crouching Dragon ). Le dije que claro, y cuando me recogió el viernes por la noche, me monté al carro y le dije, "Mejor vamos a Cartagena." Él me miró, incrédulo, y en vez de coger a la izquierda hacia el cine, cogió a la derecha hacia Cartagena.  Eso fue todo. No hubo planes. No hubo agendas ni esquemas ni itinerarios ni nada. Fuimos, cenamos, caminamos en la playa y volvimos a la casa.  Ahora, 14 años después, Honey y yo no podemos hacer eso. Primero, si es que se nos ocurren ideas espontáneas de esas, tengo que preparar la cartera: billetera, kleenex, chapstick, agua, advil, plumero, celular, iTrip, cargador, GPS, cargador y sostenedor del GPS, gafas de sol y gafas de leer (por si me toca manejar a mi de noche); y eso que ya puedo dejar el pasaporte en la casa, porque antes me tocaba cargarlo pa'rriba y pa'bajo.  Es que ya uno así de viej...